Los problemas para tragar o disfagia es frecuente en algunas personas cuando sus niveles de ansiedad están disparados. La manera en la que puede manifestarse la ansiedad en el cuerpo en muy variada. Podemos romper a sudar de manera constante, tener taquicardias, dolores de cabeza, mareos… En esta ocasión voy a centrar mi atención a la dificultad para tragar y el espasmo de la glotis.

En función del color, el olor o la mera sugestión, podemos generar más rechazo a ciertos alimentos

Tener la sensación de que los alimentos se pueden quedar atascados en la garganta al tragar se vuelve bastante insoportable y amenazante para algunas personas. La sensación es la de que la garganta no deja paso a la comida como normalmente viene ocurriendo. La ansiedad se manifiesta frecuentemente con un aumento de la tensión muscular en hombros, espalda y mandíbula. En el caso de la dificultad para tragar, la tensión se focaliza especialmente en la garganta, y tiende a crecer al potenciarse la atención en este área. Es frecuente que se produzcan también, asociados a la disfagia, episodios de afonía debido al exceso de tensión en las cuerdas vocales.

Sugestión y miedo ante la posibilidad de atragantarse

Hay personas más sensibles que otras a la hora de generar rechazo a los alimentos en función del color, el olor o la mera sugestión. De manera natural puede resultar más difícil tragar algunos alimentos. Según el nivel de miedo y alerta se pueden producir náuseas o vómitos. Cuando creemos que un alimento puede generar algún problema sobre nuestra salud, el rechazo es automático y nos ayuda a protegernos de una posible intoxicación. Evolutivamente este rechazo protege de envenenamientos y enfermedades, lo malo es que cuando el bloqueo de la glotis se produce por mera sugestión puede producir problemas, dejando de ser un mecanismo útil.

Si analizamos evolutivamente al ser humano, su supervivencia está condicionada a aspectos como  elegir correctamente qué alimentos se pueden consumir y cuales no, es una ventaja competitiva. Aspectos como la textura, el color, el sonido… han de formar parte de la elección de los alimentos que podemos consumir. La industria alimenticia, al ser consciente de estos condicionantes, nos ofrece alimentos envasados en paquetes que imitan a las texturas o aspectos que nos parecen atractivos. Normalmente hacen ruido y tienen un punto de rigidez. Imitan las características que tendría un alimento natural. Por tanto el miedo a atragantarse y el espasmo de la glotis se genera por razones completamente normales. Cuando este miedo llega a dificultar el día a día es cuando la persona ha dejado de aprovechar su ventaja evolutiva para convertirlo en un problema que dificulta la calidad de vida.

Descripción del miedo a atragantarse

El miedo a atragantarse tiene dos vías principales para que aparezca y se convierta en un problema que genere bloqueo e incluso problemas alimenticios. El primero es que la persona esté expuesta a grandes cantidades de ansiedad debido a su entorno y/o  a la manera enla que se enfrenta a sus situaciones cotidianas. El segundo es que ante la aparición de sensaciones incómodas en la garganta, como notar que cuesta tragar, la persona se enfoca en ese área y comienza a meter más tensión muscular y a dificultar el flujo normal del alimento.

La anticipación de situaciones en las que se va a comer con otras personas, en las que uno puede verse bloqueado ante los alimentos que tenga en el plato, pueden precipitar los primeros síntomas de tensión muscular en la garganta. Cuanto más importante sea estar bien y que no se note, más tensión habrá y por tanto más bloqueada estará la entrada del alimento. Si la persona no es capaz de reducir su malestar buscará comer sola siempre que pueda para no verse observada y poder calmarse. De igual forma, el miedo a que sea un signo de una enfermedad grave como cáncer o Parkinson, entre otras, también puede ser un factor que aumente la tensión muscular y por tanto también los problemas para tragar.

Una medida que habitualmente adoptan las personas que tienen dificultad para tragar y temen el poder atragantarse, es la de ir eliminando de su dieta todos aquellos alimentos que piensan que son más ásperos o granulosos y que van a ser más difícil tragarlos. Es una medida bastante lógica, pero frecuentemente se acaba convirtiendo en un problema mayor. Cuanto más se evitan estos alimentos más atenta puede estar la persona a si podrá tragar o no. Alcanzando en ocasiones el grado de obsesión. Cada vez que come, está presente el temor al atragantamiento, precipitando una mayor tensión muscular en la garganta y haciendo que cada vez sea más difícil tragar alimentos que antes eran inocuos. En los casos más graves la persona sólo se permite ingerir alimentos líquidos o muy triturados, con todo lo que conlleva en cuanto a limitaciones en la relación social, problemas de reducción de masa ósea en la mandíbula, problemas dentales…

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La dificultad para tragar y por tanto el espasmo de la glotis, es un síntoma de ansiedad que frecuentemente aparece junto a otro como taquicardias o mareos. Desconcierta que no tenga aparentemente nada que ver con los otros síntomas, y a menudo se percibe como bloqueante: «¡y ahora esto! ¡qué me está pasando!» «¿Puede ser posible que que yo mismo me provoque el que me pueda atragantar?»

Tratamiento para los problemas para tragar

De forma clásica la literatura psicológica hizo referencia a este fenómeno como glottis hystericus, o glotis histérica. En la actualidad es un término que está en desuso pero que se refiere a lo que se aborda en este artículo.

Si tiene dificultad para tragar, o conoce a alguien que lo tenga, sepa que no es grave, y que existe un tratamiento psicológico eficaz. Es especialmente recomendable la terapia cognitivo-conductual. Normalmente el tratamiento para los problemas para tragar alimentos se centra en reducir el nivel de ansiedad cotidiano, en potenciar las sensaciones de relajación (especialmente en la zona de la garganta), y en afrontar gradualmente la ingesta de alimentos según su grado de malestar. Lo normal es que el terapeuta busque con su paciente una jerarquía de alimentos para afrontar poco a poco, al tiempo que se van identificando las estrategias que usa la persona para alejarse de cualquier sensación negativa en la zona de la garganta. Una vez se avanza en estas tareas, el paciente va viendo como se puede volver a normalizar sus rutinas y relaciones sociales. Este momento suele ser muy estimulante y ayuda alcanzar la normalidad.