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La muerte de un ser querido suele ser un punto de inflexión en la vida de cualquier persona. A muchos de nosotros nos resulta complicado gestionar cómo nos sentimos y poder seguir con nuestras vidas lo mejor posible después de un suceso como ese. Por eso, en muchas ocasiones,  el duelo en los niños se manifiesta de diversas maneras. A veces les puede resultar mucho más difícil que a nosotros mismos. Existen muchas variables importantes que, especialmente en los más pequeños, pueden afectar sustancialmente a cómo reaccionan ante la muerte de alguien al que quieren. Y es que partimos de que, dependiendo de la edad de nuestros hijos, es probable que su idea de la muerte sea muy diferente al concepto de muerte que entendemos como adultos.

 

¿Qué es eso del duelo en los niños?

El desarrollo psicobiológico de los niños es un aspecto fundamental para entender qué es lo que podemos esperar de nuestros hijos en un duelo. Qué es lo que saben, qué ideas o conceptos pueden llegar a entender, cómo van a reaccionar, etc.; son preguntas que se nos acumulan en la cabeza y pueden hacer mucho más difícil una situación que ya de por sí es muy compleja.

A la muerte suelen asociarse 3 características básicas, que pueden utilizarse para comprender mejor qué nivel de entendimiento tienen los niños sobre la misma:

  • Es permanente e irreversible.
  • Es universal. Todo el mundo muere.
  • Implica la ausencia total de funciones vitales.

También hay que tener claro que los rangos de edad que vamos a manejar son meramente orientativos, y que, dependiendo de cada niño y de su desarrollo individual, estas situaciones pueden cambiar considerablemente.

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duelo en los niños

 

Menores de 3 años

Los niños con esta edad no tienen el concepto de muerte interiorizado, ya que además su percepción del tiempo o el espacio está muy limitada. La muerte se acercará más a una simple separación de una persona en el sentido en el que dicha persona no está físicamente ahí. Por ello no comprenden la universalidad o el carácter permanente de la muerte. A pesar de ello, sí que pueden reaccionar con emociones muy intensas, como ansiedad por separación, confusión, hostilidad o ira. Duelo en los niños.

 

Entre 3 y 5 años

En este caso se empiezan a dar cuenta de algunas diferencias entre estar vivo o muerto, aunque sin comprender realmente la totalidad del concepto. Algunos niños lo ven más bien como algo similar a estar dormido, por lo que los conceptos de irreversibilidad y la desaparición de las funciones vitales, no están asumidos. Puede que llegando a los 5 años empiecen a entender mejor que la muerte es irreversible, aunque probablemente sigan pensando que se mantienen ciertas funciones biológicas. A estas edades ya existe una reacción más clara ante la pérdida, queriendo incluso buscar a la persona fallecida, realizando cambios significativos en sus rutinas y con muchas reacciones emocionales de ira, rabia o incluso agresión.

 

Entre 6 y 10 años

En los primeros años de este rango de edad se empieza a comprender la muerte como algo externo que ocurre debido a unas causas determinadas, aunque puede que aún no esté asumida realmente la universalidad de la muerte, por lo que no piensan que les puede ocurrir a ellos mismos. Sin embargo, según nos acercamos más a los 10 años es cuando empiezan a entender verdaderamente que la muerte es algo que les puede ocurrir a todos sin excepción. Por ello a estas edades pueden tener sensaciones o emociones relacionados con miedos y temores, ya sea a la muerte en sí misma, a enfermar o a estar solo o a irse a dormir.

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También pueden tener sensaciones de fragilidad, como si cualquier cosa pudiera dañarles con mucha facilidad, y manifiestan síntomas físicos y fisiológicos, como dolores, falta de aire, etc. También pueden empezar a mostrar preocupaciones o sensaciones de culpa sobre la responsabilidad que ha podido tener uno mismo en la muerte, o por la vulnerabilidad del resto de miembros de la familia.

 

 

A partir de 11 años, el duelo en los niños

En este momento es cuando se empieza a adquirir verdaderamente una concepción de la muerte realista y adulta, adquiriendo los conceptos de irreversibilidad, universalidad y su carácter permanente. Por ello también es cuando se comienzan a adquirir ciertas filosofías o creencias sobre la vida y la muerte de una forma verdaderamente estable. Comprender esto puede llevar precisamente, en algunas ocasiones, a una angustia u obsesión sobre el futuro o a revisar sucesos del pasado que generen culpa o dudas. Cuando empiezan a llegar a la adolescencia pueden aparecer también conductas agresivas o incluso consumo de drogas.

En cualquier caso, como decíamos, esto no es más que una aproximación de algunos conceptos, ideas y comportamientos que suelen asociarse a ciertas edades sobre la muerte. De forma que en algunos casos puede haber niños de 8 años que tengan un concepto sobre la muerte mucho más realista que otro de 10 años. Lo importante es que, si consideramos que estas ideas o conductas que tienen nuestros hijos ante una pérdida tienen consecuencias significativas para sus vidas o las de los demás, acudamos a un psicólogo para poder abordarlas de la mejor forma posible.

 

 

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