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El pensamiento mágico es aquel que intenta encontrar relaciones causa-efecto entre dos hechos sin que haya aparentemente ninguna conexión. Está asociado a la necesidad de control, y a menudo las explicaciones que se derivan de este tipo de pensamiento están basadas en supersticiones, creencias o ideas religiosas. La personalidad de tipo obsesivo potencia especialmente este modo de interpretar la realidad.

Los pensamientos mágicos son bastante frecuentes en personas que se sienten inseguras, amenazadas o preocupadas por lo que puede pasar. Surge de la necesidad de alcanzar la certeza de que no ocurrirá lo que uno teme.

El pensamiento mágico o apofenia está muy relacionado también con el razonamiento emocional. Este tipo de razonamiento es el que está marcado por una emoción interna intensa (positiva o negativa) y que hace que filtremos lo que ocurre en función de esta emoción. Ilustran la apofenia ejemplos como: una persona se siente con vergüenza en una fiesta y da por hecho que es alguien aburrido y poco interesante. O cuando tras haber visto una peli de miedo, alguien baja al garaje de su casa y los ruidos que escucha le parecen peligrosos y amenazantes.

 

El propio pensamiento mágico es el que favorece que haya más inseguridad y ansiedad

A veces el propio pensamiento mágico es el que favorece que haya más inseguridad y ansiedad. Potencia el que se busque constantemente conexiones entre causas y efectos. Se busca la calma queriendo alcanzar el control de todas las variables, lo cual puede ser lo que genere malestar y el bloqueo al no alcanzarlo.

Cualquier persona usa los pensamientos mágicos en alguno momento. No es indicador de ninguna patología, a no ser que sea el modo habitual de relacionarse con el mundo. Este tipo de pensamientos pueden potenciar problemas tan diversos como las disfunciones sexuales, las sensaciones de irrealidad, los mareos, los trastornos de ansiedad generalizada…

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Tan preparados estamos para interpretar datos que nuestro cerebro nos hace ver cosas que en realidad no están allí

 

La habilidad para descubrir patrones, dar explicaciones y hacer predecible una situación o una dificultad, hace que sea más fácil descubrir las soluciones. El nombre técnico asignado al pensamiento mágico es el de apofenia, muy conectado también al de pareidolia. Tan preparados estamos para interpretar datos que nuestro cerebro nos hace ver cosas que en realidad no están allí. La explicación es que nos ayuda a ser más eficientes identificando formas y saber que hay detrás.

 

pensamiento mágico apofenia

 

Algunos ejemplos de pensamiento mágico

 

Como se puede ver las situaciones que pongo de ejemplo tienen en común el que no hay control sobre su desenlace. No se sabe cuál será el resultado final. Por esa razón le recomiendo que lea el artículo: técnica de detección y afrontamiento de la consecuencia temida (DACT).

 

1.- Ante la aparición de mareos: estar mareado hace fácil sentirse inseguro. El deseo de detectar las causas y adelantarse a ellas, potencia con frecuencia la sensación de alerta y preocupación. La búsqueda de un patrón que lo explique, puede favorecer conexiones algo mágicas. ¿Será que algunas personas tiene energía negativa que me afecta a mi?, ¿Será que la orientación de los muebles de la casa me está afectando?…

2.- Ante un examen. Las situaciones de examen hacen que fácilmente se focalicen los pensamientos en lo que nos van a preguntar, en lo que se sabe y lo que no del temario… Es frecuente que antes del examen algunas personas busquen llevar un determinado bolígrafo, una ropa concreta… Lo que buscan es hacer el mayor número de cosas posibles para conseguir la seguridad de que va a salir bien, y todo se encamina hacia el resultado deseado.

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3.- Ante una relación sexual. En los casos en los que alguien se enfrenta a una relación sexual, pongamos un chico, y quiere garantizarse estar a altura de su pareja. Tener una erección adecuada, ser muy atractivo… Es muy fácil establecer conexiones inadecuadas causa-efecto. Sobre este tema profundicé bastante en el artículo sobre: “¿Tiene algo que ver nuestra manera de ser con las erecciones?”

4.- Esperando el resultado de una operación quirúrgica. Si puede existir algo de gravedad en un diagnóstico, o tras una operación quirúrgica, lo normal es que nos inquietemos y busquemos la certeza de que todo irá bien. Es más fácil que aparezca la necesidad de saber qué pasará, y por tanto es fácil intentar descubrir señales que nos den algo de calma: ver si la gente sonríe alrededor, o si la máquina no tiene más botellas de agua: “¿Será una señal de que esto va bien (o mal)?”

 

 

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