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La RAE la define la procrastinación como diferir, aplazar y es, en efecto, el incumplimiento del precepto: “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Procrastinar es dejar algo para mañana, para dentro de una semana o para dentro de unas horas. Se trata de aplazar aquello que es importante para dedicarse a lo que no lo es tanto o a lo que es directamente superfluo.

 

¿A qué situaciones se aplica?

Dentro de la procrastinación pueden entrar actividades del ámbito laboral, como el famoso informe que el jefe lleva días reclamándonos; del mundo académico, como la redacción de la tesis con la que nunca nos ponemos o con el estudio. También hay otras en las que el principal demandante somos nosotros mismos, como aquella novela que llevamos años queriendo empezar y para la que nunca encontramos el momento propicio. En lugar de todo esto, nos dedicamos a otras tareas, como leer el periódico o brujulear por las redes sociales. Tareas estas que pueden ser gratificantes pero que implican un nulo grado de compromiso personal.

Hasta que el fenómeno no comenzó a ser estudiado por los psicólogos, el procrastinador era considerado como un vago, fundamentalmente. Y cierto es que los hay y que en realidad posponen las cosas porque les puede la pura pereza pero, a diferencia de la vagancia, la procrastinación genera estresansiedad, remordimientos y lesiona la autoestima.

 

La procrastinación genera estres, ansiedad y lesiona la autoestima

 

Al contrario de lo que hasta ahora se pensaba, las últimas investigaciones señalan que el procrastinar tiene que ver con un excesivo perfeccionismo. Este, en psicología consiste en la creencia de que la perfección existe como entidad autónoma y se puede alcanzar. El problema es que el perfeccionista considera que no solo se puede sino que se debe alcanzar la perfección en casi todas las actividades en las que uno se implica.

El posponer constantemente una actividad puede ser la respuesta al miedo y parálisis cuya causa es el querer alcanzar en todo ese ideal de perfección. Ideal que no se percibe como tal, claro está. Piers Steel, investigador de la Universidad de Calgary, ha acuñado una fórmula para explicar el fenómeno de la procrastinación. Recibe el nombre de teoría de la motivación temporaly explica la procrastinación como efecto de un perfeccionismo paralizante.

 

Fórmula de la procrastinación o teoría de la motivación temporal

U=EV/ID

U es la Utilidad de la tarea una vez concluida. El valor asignado a la misma es proporcional al producto de las Expectativas (E) por el valor que le damos a terminar el Trabajo (V) e inversamente proporcional a la Inmediatez (I) y a lo sensible que sea cada persona a los retrasos de la actividad. Es decir, según esta fórmula, aquellas tareas que más nos importan y que queremos que nos salgan mejor son las que posponemos con mayor frecuencia.

Otra explicación de la procrastinación es genética y evolutiva. Según esta, el cerebro humano es el causante de este postergar lo importante, tan característico del ser humano. ¿Por qué? Porque todavía hay partes de su funcionamiento ancladas en la vida que llevaba el hombre en las cavernas. Nuestros ancestros no conocían una vida con conceptos de medio o largo plazo. Todo era inmediato: la satisfacción de los apetitos, la defensa ante los peligros y la planificación y ejecución de tareas. Si en Altamira querían pintar bisontes en la roca los pintaban al momento y punto.

 

Perfeccionismo peligroso

 

Por otro lado, no había surgido todavía ningún vanguardista que ya hubiese hecho eso antes y al que hubiese que igualar en perfección. Así pues, nuestro cerebro actual conservaría restos de ese atavismo y preferiría la satisfacción inmediata que proporciona ver vídeos de gatitos por internet a escribir la próxima Guerra y Paz.

 

procrastinación

 

La procrastinación está relacionada con un excesivo perfeccionismo

 

Elijamos la explicación que elijamos, lo cierto es que la procrastinación, a diferencia de la pereza o el dolce far niente, nos hace daño a nosotros y a los que nos rodean. A nosotros, este patológico dejar para mañana lo que puedo hacer hoy nos puede causar trastornos relacionados con lo obsesivo-compulsivo y con la depresion, además de sentimientos de baja autoestimamiedo y ansiedad.

En cuanto a los demás, puede afectarles en cuanto a que muchas veces estamos implicados en grupos o en equipos en los que si algo falla, lo hace todo el grupo. Si trabajamos en una empresa basada en el trabajo en equipo, por ejemplo, la procrastinación puede hacer que todo el grupo pague por el trabajo que nunca entregamos a tiempo o que no entregamos. Esto, evidentemente, nos devalúa a ojos de los demás y acaba actuando en nuestra contra.

 

¿Qué podemos hacer para acabar con la procrastinación?

  • Solo unos minutos: diversas investigaciones señalan la utilidad de este “engaño” a nuestra mente. Muchas veces, las tareas se conciben como enormes antes de comenzarlas. El hecho de darse a uno mismo la instrucción de que lo que emprendamos nos llevará solo unos minutos nos ayuda a que acabemos terminando aquello que consideramos más difícil. Volvemos al símil de la novela: si uno pretende escribir más de mil páginas del tirón es probable que se acogote  y no escriba ni una línea. Si uno se sienta y decide escribir un rato solo, unos minutos, es probable que el escribir se acometa de un modo mucho más relajado y que con frecuencia esos minutos se conviertan en bastante más.
  • Romper la barrera del minuto -1: Carlos Arroyo asegura que lo más difícil es romper la barrera del minuto anterior a comenzar la tarea que consideramos esencial. Allí es donde más tensión se genera para doblegar el impulso procrastinador. Si logramos superar esa barrera todo será más llevadero.
  • Establecer pequeñas metas: estas deben ser realistas, específicas, secuenciadas y accesibles. Es decir, deben basarse en la correspondencia entre lo que deseamos y en nuestras capacidades; no ser tan genéricas que paralicen la acción (quiero ser el mayor novelista español); que sean pequeños avances en una meta global y que podamos acceder a ellas pero que no sean tan pequeñas que impidan percibir progresos.
  • Querer lo que se hace y no hacer lo que se quiere: esto recetaba Tolstói para lograr la felicidad. Muchas veces, lo que tenemos que hacer por el camino hasta que llegamos al fin deseado es poco grato pero si lo emprendemos con alegría, animándonos a nosotros mismos y halagándonos cuando toca, se convertirá en un fin en sí mismo.

 

Estos son solo cuatro consejos básicos para lograr vencer la procrastinación y si no para vencerla, para dominarla. Hay muchos más, pero estos son esenciales. Este dominio hará que nuestra vida sea mucho más grata y que nuestra autoestima y confianza en nosotros mismos aumenten y se consoliden. Ahora bien, no estaría de más que antes de juzgarnos a nosotros mismos como procrastinadores, nos respondiésemos a la siguiente pregunta: ¿en realidad quiero yo hacer esto? Si nos respondemos sinceramente que no, es que quizás no estamos procrastinando, sino que nos estamos forzando a desear y a hacer algo que va contra lo más profundo que hay en nosotros. Pero este ya es otro tema.

 

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