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Durante el primer confinamiento, soñábamos con el momento en el que pudiésemos salir de casa y abrazar a nuestros seres queridos como nunca antes los hicimos. El impacto de vivir una tragedia mundial, nos ayudó a darnos cuenta de lo afortunados que éramos y lo poco que lo disfrutábamos. Sin duda, muchos soñaban con la llegada de las fiestas navideñas. Era primavera. y la idea de que el virus hubiese perdido toda su fuerza para entonces nos parecía una posibilidad factible.

Lamentablemente no ha sido así, y nos tenemos que enfrentar a una Navidades llenas de restricciones y mascarillas. Abrazar a nuestros mayores no será posible a no ser que seamos convivientes, besar a los que suelen estar todo el año lejos de nosotros tampoco podrá ser. Son fiestas diferentes y complicadas.

En momentos como estos, nunca está de más consultar con especialistas para que nos guíe . Fernando Azor, psicólogo clínico con más de veinte años de experiencia, nos ayudará a comprender mejor la situación en la que nos encontramos y también nos dará algunas pautas para poder disfrutar de estos días a pesar de las medidas de seguridad.

 

Fernando Azor

 

“Igual que la mononucleosis es la enfermedad del beso, el coronavirus sería la enfermedad de la amistad”

Desde marzo estamos conviviendo con duras medidas de seguridad ¿por qué parece que con la llegada de la Navidad nos cuesta más cumplirlas?

Las personas resolvemos bien cuando tenemos objetivos, y si son a corto plazo mejor. Cuando se alargan mucho, se nos complica la manera de enfrentarlos. El Coronavirus nos amenaza, hay mucha información objetiva, y todos conocemos cómo podemos contagiarnos. Esto hace que surja un efecto de habituación y de calma que, en la medida en que el objetivo no está tan enfocado en una fecha concreta, se nos diluye la sensación de tener que estar siempre en alerta y resolviendo. Pensemos que tras estar desde marzo a tope, nos llega una época donde existen ciertas tradiciones y costumbres familiares que hace que resulte más complicado mantener las alertas. Igual que la mononucleosis es la enfermedad del beso, el coronavirus sería la enfermedad de la amistad. Son personas a las que hemos abrazado muchas veces, y nos da la sensación que hacerlo ahora no puede ser malo. Por lo tanto es más fácil bajar la guardia.

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A la hora de decidir en casa de quien se celebra las fiestas navideñas ¿puede generar conflictos entre las parejas?

Sí, de hecho creo que cualquier situación que haya que negociar y exista un desacuerdo entre dos personas, puede generar un conflicto. Todo depende de las características de

cada pareja, pero es probable que uno sea más sumiso y se adapte más. En ese caso, posiblemente surja una sensación de malestar que estalle en conflicto.
Aconsejaría que antes de decidir se coloquen en contexto. Es necesario que sean muy conscientes de que estamos viviendo una pandemia y por tanto se debe reducir el número de personas en las reuniones. En este caso, las habilidades de comunicación y la capacidad de llegar a acuerdos es muy importante. No es malo que uno ceda, siempre y cuando se busquen después compensaciones. Hay muchos días en estas fiestas, y seguramente los podremos repartir de tal manera que cada uno tenga su espacio y se pueda visitar a los seres queridos.

 

 

¿De qué manera podemos mentalizarnos para mantener las medidas de seguridad tal y cómo nos aconsejan durante las cenas o comidas navideñas?

Mi consejo sería hablarlo antes. Es importante definir lo que vamos a hacer para que no haya sorpresas ni malas interpretaciones. Existen chats de grupos donde la gente comparte sus cosas, ahí se podría comentar para que todos vayan relajados.

 

“Nos estamos inclinando a buscar el bienestar del otro evitando el contagio”

Otro motivo de preocupación son los niños, ¿ cree que quizás no sean tanto problema como en un principio se pensó?

Efectivamente. No están siendo tanto foco de contagio como se pensó en un principio. Más que sea porque los niños están muy concienciados, sea porque la enfermedad no se desarrolla en ellos con tanta virulencia ni son tan contagiadores. No está mal que durante las fiestas tengan su mascarilla y protocolos como el resto. La clave está en el nivel de ventilación y en el uso de mascarilla, además de la higiene extra en las manos. De esta forma cubrimos el espectro de situaciones amenazantes.

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¿Piensa que una navidades tan extrañas como estas nos acaben afectando psicológicamente a corto plazo?

Sí, tanto para bien como para mal. En mi consulta no contemplo estar atendiendo a una persona que es alérgica sin ponerme la mascarilla. Nos estamos inclinando a buscar el bienestar del otro evitando el contagio. Eso nos va a quitar espontaneidad, pero al mismo tiempo nos dará más capacidad para reducir otros problemas médicos como los virus y bacterias que convivían con nosotros y no dábamos importancia. Sin duda, durante un tiempo nos costará volver a saludarnos con dos besos ,y seguramente, haya secuelas en esas personas que han dejado de tener contacto con otras y han podido sentirse más aisladas.

 

 

¿Es positivo que nos enfrentemos a la posibilidad de que exista un contagio en la familia a pesar de cumplir todas la medidas de seguridad?

Claramente, sí. Cuanta más certeza busquemos es posible que nos sintamos más incómodos, porque hay aspectos que van a escapar a nuestro control. Aunque sea improbable, es posible que nos contagiemos a pesar de haber sido cuidadosos. Lo importante es no culpar a nadie si sucede, porque no lo hacemos a posta. Hay que seguir viviendo, y entender que existe un peligro como tantas otras veces en el pasado. Tener un accidente de avión es poco probable pero estadísticamente posible, sin embargo lo vemos menos amenazante porque ya ha formado parte de nuestras vidas.

Ya saben, mucho diálogo y tranquilidad a la hora de vivir estos días. Lo importante es sentirse seguros sin dejar de disfrutar de la compañía de quienes amamos. El terapeuta también nos aconsejó el uso cotidiano de la tecnología con los seres queridos que vivan más lejos o confinados. Es positivo dejar la comunicación abierta con aplicaciones en las que son posibles las videollamadas con el fin de ahuyentar los pensamientos negativos y la soledad.

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