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Es muy común que muchas personas tengan dificultades a la hora de enfrentarse a situaciones en las que haya que hablar con desconocidos, desde un cajero en un supermercado hasta el entrevistador en una entrevista de trabajo.  Al fin y al cabo, uno no sabe cómo es esa persona, cómo va a reaccionar, o a veces implica situaciones incómodas o que nos generan algo de ansiedad.

Hablar con desconocidos puede ser también un paso necesario para conocer gente o desenvolverse en situaciones que te puedes encontrar habitualmente en tu día a día. Hubo un día en que tus amigos fueron desconocidos, y de alguna manera, gracias a tus habilidades sociales, hiciste algo que los convirtió en personas de confianza. Ese es el tema que vamos a intentar explicar aquí. Cabe mencionar que el tema de las habilidades sociales puede ser increíblemente amplio y complejo, dependiendo de la situación, de tus capacidades o del objetivo que pretendas. A pesar de ello, vamos a intentar comprender algunos de los aspectos importantes para facilitar el objetivo de hablar con desconocidos.

Algo importante que tenemos que tener en cuenta son aquellas cosas que hacen que una conversación sea eficaz y consiga su objetivo. Algunos de estos aspectos que influyen en esto son los componentes no verbales (como la mirada o la expresión facial), los componentes paralingüísticos (como el tono de voz o la velocidad del hablar) o los componentes verbales. Es en estos últimos en los que nos vamos a centrar ahora.

 

Componentes verbales

Los componentes verbales, evidentemente, son muy importantes, ya que pueden facilitar y fomentar que una conversación fluya como queremos. Algunos a tener en cuenta son:

 

Retroalimentación:

Cuando alguien está hablando necesita saber si se le entiende, si están de acuerdo o no, si algo les molesta o les interesa o simplemente si le están escuchando. Podemos diferenciar tres tipos de retroalimentación que podemos usar en una conversación:

    • Retroalimentación de atención: tienes que manifestar que le estás prestando atención, asintiendo, emitiendo algún sonido de entendimiento, o manteniendo la mirada.
    • Retroalimentación refleja: consiste en que escojas una de las frases de la persona que habla e intentes reflejar que lo has entendido o que estás pensando en ello. Por ejemplo: “O sea que piensas eso porque…”.
    • Retroalimentación de escucha: tienes que emplear verbalizaciones que indiquen que lo entiendes o que te genera ciertas emociones, como por ejemplo: “Ya veo”, “¿En serio?”, etc.

 

Las preguntas:

Son un medio para obtener información, pero también para expresar interés, iniciar una conversación, prolongarla, etc. Pueden ser:

    • Preguntas generales: sirven muy bien para iniciar una conversación o un nuevo tema para alargarla. Desde “Cómo estás” a “Qué tal el trabajo”.
    • Preguntas específicas: como “¿Qué hiciste el fin de semana?” o “¿Cómo te sentó que te dijeran eso?”. Son para obtener información y conseguir que los demás cuenten cosas sobre sí mismos.
    • Preguntas abiertas: son útiles para que los demás den contestaciones más largas y hablen más. Por ejemplos: “¿Qué hiciste en las vacaciones?” o “Cuéntame más sobre eso”.

 

hablar con desconocidos

 

La retroalimentación y las preguntas son dos características que van a aparecer en mayor o menor medida en cualquier conversación y, aunque podemos hablar de otros muchos aspectos verbales de las conversaciones, estos son fundamentales.

 

Ahora toca que intentes aplicar esto a alguna conversación con un desconocido. Es recomendable que empieces por situaciones un poco más sencillas y controladas, como llamar por teléfono a una empresa para preguntar por sus servicios. De esta forma, al hablar por teléfono no tienes que pensar en los aspectos no verbales, y puedes centrarte sólo en lo verbal. Además, es más sencillo que se te ocurran previamente algunas cosas que preguntar o decir para que no te quedes en blanco.

 

Un ejemplo de hablar con desconocidos

Por ejemplo, imagina que llamas a una clínica de psicología para preguntar por las sesiones. Puedes empezar por una pregunta general: “Me gustaría saber cuál es el funcionamiento de las sesiones”, (pregunta general y abierta para fomentar el habla). Con su respuesta tendrás la oportunidad de mostrar algo de retroalimentación: “Ahá” o “Es decir, que en las primeras sesiones ¿nos centraremos en evaluar cómo son las dificultades que tengo?” (retroalimentación de atención y refleja). Posteriormente podemos continuar con preguntas específicas para obtener más información: “¿Y qué tipo de tratamiento realizáis?”. Podemos continuar la conversación de esta forma hasta que consigamos el objetivo que teníamos y la concluyamos.

 

En estos primeros momentos es muy fácil sentir que no nos sale natural hacer todas estas cosas o que actuamos como un robot, pensando y repitiendo frases automáticamente. Esto es normal al principio, ya que se debe a que estás poniendo en práctica una serie de conductas que no has hecho nunca o a las que no estás acostumbrado. Con la práctica irás sintiendo que te sale más natural y fluido y dejas de tener esa sensación de artificialidad.

 

Conclusión

Recuerda que no te va a salir todo perfecto a la primera. Es necesario que practiques muchas veces para que poco a poco vayas introduciendo todos estos aspectos de forma más natural y efectiva. Lo mejor es que en cada intento de una nueva conversación trates de poner en práctica un solo punto. Por ejemplo, en una conversación puedes tratar de poner en práctica la retroalimentación, sin tener muy en cuenta el resto de puntos importantes. Poco a poco podrás ir añadiendo más cosas a una misma conversación e irás perfeccionando la técnica.

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