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Hace poco escribía un artículo sobre la motivación en el deporte y en él describía una fórmula para explicar porque las personas hacemos lo que hacemos, y porque no siempre conseguimos acabar o resolver lo que idealmente nos proponemos. Para ello propuse una ecuación aparentemente básica pero creo que especialmente útil para explicar un comportamiento propio, y también los de los demás.

 

¿Podemos explicar un comportamiento?

Supongo que sí, si asuminos que siempre será algo reduccionista y nos dejaremos aspectos importantes por el camino. Aun así, yo creo que es muy útil e importante simplificar el comportamiento humano para poder manejarlo mejor y conseguir mejorar su gestión y la capacidad para relacionarse con los demás.

Aquí está la fórmula para explicar un comportamiento: hacer cualquier cosa es igual a lo que nos favorece hacerlo, menos lo que nos frena hacerlo (C = Fa – Fr). Asignemos un teórico valor de 0 a 100 a lo que nos favorece y nos frena a hacer algo, podremos ser honestos con nuestros frenos y nuestras motivaciones reales. Si identificamos correctamente lo que suma y lo que resta, podremos buscar y encontrar soluciones estables y duraderas que nos ayuden a alcanzar nuestras metas. Si para superar un freno, lo que hacemos es solo enfadarnos con nosotros mismos, posiblemente mientras dure el enfado o la culpa haremos lo que nos proponemos, pero ¿Por cuánto tiempo?

 

Ejemplo de la fórmula

Supongamos una situación para ilustrar la fórmula. “Quiero hacer ejercicio todas las semanas“. Lo primero definamos los aspectos que potencian o favorecen alcanzar ese objetivo: “quiero adelgazar, quiero estar en forma, quiero correr una media maratón, quiero un rato para mi y olvidarme de todo lo demás”. Ahora los frenos: No dispongo de mucho tiempo, me cuesta renunciar a otras cosas, cansancio, pereza, tener que llevar la ropa de deporte al trabajo desde la mañana.

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Aceptando que somos realistas y que no nos dejamos ningún “potenciador” ni ningún freno, hay que tener especial cuidado en calibrar de cero a cien el valor que tienen para nosotros estas variables. Si el resultado es que no somos capaces de motivarnos durante un largo periodo para hacer deporte, pero los valores que asignamos a lo que favorece es mayor a lo que lo frena, entonces es que estamos calibrando la actividad en función de lo que debería ser, no en función de lo que realmente nos ilusiona, alegra, o bloquea. Si el resultado y la valoración coinciden, esté atento a las posibles amenazas para su motivación. Las tareas a largo plazo siempre se ven amenazadas por el día a día.

 

 

Enfados frecuentes y la fórmula del comportamiento

Podemos usar esta fórmula para analizar porque las personas que nos rodean actúan como lo hacen. Cuando nos molesta el comportamiento de otras personas podemos bloquearnos y enfadarnos de manera descontrolada. Si no somos capaces de entender qué variables determinan el comportamiento del otro, nos centraremos en mostrar nuestro malestar como único modo de influir para que cambie.

El problema es que nuestro malestar puede no ser una variable suficientemente valiosa como para cambiar completamente la fórmula del otro. Nos podemos llenar de argumentos de justicia o injusticia que nos potencie el enfado, pero es posible que el cambio sea sólo temporal y cíclicamente se pase del enfado a la calma debido a no haber entendido donde había que potenciar los cambios es su fórmula. Puede pasar incluso que no se puedan hacer cambios porque la otra persona no nos deja ningún espacio para influir en ella. En esos casos, cuanto antes uno se dé cuenta antes lo aceptará o se distanciará de esa persona.

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No es fácil descifrar la fórmula individual y explicar un comportamiento propio y de los demás, pero si vamos poco a poco analizando lo que favorece y lo que frena, es posible que nos dé una gran capacidad para manejar nuestras necesidades y los conflictos. Pero recuerde, no siempre lo que nos hace sentir el comportamiento de los demás es lo que mejor explica las variables que favorecen o frenan una conducta. A veces explicaciones como “lo que le pasa es que quiere ser el centro de atención”, o “sólo busca disfrutar haciendo daño”, son más el reflejo de nuestro malestar que la explicación el porque se comporta como lo hace.

 

fórmula del comportamiento

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