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Podemos decir que el abuso sexual infantil es un tipo de maltrato infantil específico. Por ello este tipo de abuso reúne ciertas características típicas del maltrato en general, como una serie de acciones, omisiones o tratos negligentes repetidos que amenazan específicamente los derechos y el bienestar sexual de los niños, aunque también a nivel físico y psicológico en general. Normalmente para considerarlo como tal suele tener que estar cometido por un adulto o un menor significativamente mayor que la víctima o que esté en una situación de poder o control sobre ella.

El abuso sexual, y específicamente el infantil, es un tema extremadamente incómodo y tabú en la sociedad. Aunque se considera socialmente algo terrible, muchas personas pueden llegar a actuar ignorándolo o negándolo, generando aún más daño a los menores. De esta necesidad, en muchas ocasiones, de un abordaje más directo y completo del tema, pueden surgir multitud de ideas o creencias erróneas alrededor del abuso sexual infantil. Hoy vamos a ver algunos de los más habituales.

 

“Los abusos sexuales son infrecuentes, si ocurriese en nuestro entorno nos daríamos cuenta”.

 

Se calcula que alrededor de un 20% de personas ha sufrido en su infancia abusos sexuales. A nivel mundial, UNICEF estima que 1 de cada 10 niñas han sufrido violencia sexual y que en Europa 1 de cada 5 niños sufren abusos sexuales. Estos datos implican que cientos de miles de personas han podido sufrir este tipo de abusos. Por suerte, la detección de estos problemas por parte de los profesionales está mejorando considerablemente.

Además, muchas veces estos problemas no son nada fáciles de detectar si las personas no están bien entrenadas. Por desgracia, en muchas ocasiones son las personas más cercanas las que perpetran el abuso, y a la vez están en condiciones favorables para ocultarlo, ya que tienen facilidad para quedarse a solas con la víctima.

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“Los agresores siempre son desconocidos que amenazan a los menores con violencia física”.

 

Como decíamos anteriormente, lo más habitual es que los agresores sean familiares o conocidos cercanos. De hecho, no tienen un perfil psicológico común entre ellos, si no que pueden ser personas de todo tipo, aunque la mayoría suelen ser hombres. Normalmente tampoco son personas que tengan problemas psicológicos graves y no tienen por qué ejercer maltrato físico. La mayor parte de las ocasiones suele haber una manipulación importante de la confianza de la víctima hacia el agresor. Son muy habituales los engaños y las amenazas para mantener el control y el poder sobre ella.

 

“Los niños son los culpables del abuso sexual y suelen inventarse historias para llamar la atención”.

 

A veces se intenta culpar a los propios menores de los abusos, directa o indirectamente, asumiendo que lo podrían haber evitado avisando de lo que ocurría, o peor aún, porque de alguna manera estaban provocando al agresor. Por supuesto, esto no son más que excusas para ocultarlo o justificar el abuso por parte de los agresores o cualquier otra persona. Los menores, evidentemente, no están preparados para detectar y evitar una situación como esta, ya que los agresores se aprovechan de ellos precisamente por eso. Tampoco suelen inventar historias relacionadas con algo así, excepto porque exista la influencia de un adulto que esté generando esas ideas.

 

“Los niños que han sido víctimas de abuso se convertirán en agresores en el futuro”.

 

Esto no siempre ocurre, aunque es cierto que el hecho de haber sufrido abusos sexuales en la infancia puede aumentar la probabilidad de que en el futuro se convierta en agresor. Pero igualmente muchas personas violentas y agresoras han vivido una infancia con familias sin un historial de violencia de ningún tipo. Los efectos de un abuso de este tipo pueden depender de muchos factores, como la frecuencia o la intensidad, y tener diversas consecuencias en el futuro para la persona, generando problemas psicológicos.

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“Si lo denuncias será peor, porque el niño perderá a su familia”. abuso sexual infantil

 

De hecho, es obligatorio denunciar este tipo de hechos, y al evitar hacerlo se está minimizando el derecho del niño a ser protegido, y se está poniendo en grave riesgo su salud física y psicológica. Los niños deben ser protegidos, incluso, si fuera el caso, de su propia familia. A veces se tiende a ignorar el asunto pensando que es un tema que tiene que ser gestionado por cada familia sin intervenir desde fuera. Esto puede convertirse en una justificación para evitar la intervención profesional, causando, de nuevo.

 

 

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