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Es posible que en su vida haya tomado una serie de decisiones, o adoptadas ciertas posturas, para evitar sobresalir o brillar dentro de un grupo social importante para usted. Incluso puede haberse reprimido para seguir un camino, muy apetecible a sus ojos, que fuese diferente al que elige la mayoría por temor a las críticas o a ser rechazado socialmente. Puede que padezca el síndrome de Solomon.

En 1951, en psicólogo estadounidense Salomon Asch decidió hacer un experimento en una escuela. Se trataba de comprobar el comportamiento humano dentro de un entorno social. Para ello juntó a ocho alumnos en un aula. Siete estaban compinchados con el terapeuta y el octavo hacía de cobaya sin sospecharlo. El psicólogo les planteaba una prueba visual muy fácil, siete de ellos debían dar una respuesta errónea para así comprobar cómo actuaba el incauto octavo. Un tanto por cierto muy elevado respondió erróneamente, aún sabiendo que se equivocaban, por temor a ser el elemento discordante de la mayoría o al ridículo. El propio Asch se sorprendió ante los resultados del experimento, él siempre creyó que el ser humano era más libre para tomar sus propios caminos en la vida. Pero parece claro que estamos mucho más condicionados por la sociedad de lo que pensamos. Este síndrome pone de manifiesto nuestra baja autoestima y la extrema importancia que damos a lo que opinen los demás de nosotros. Desgraciadamente vivimos en una sociedad donde los éxitos ajenos no siempre son alabados sino todo lo contrario, por esta razón muchos ocultan sus cualidades y capacidades. Prefieren quedarse en el lado gris del camino antes que enfrentarse al criterio de la mayoría.

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Coartarse de esta manera nos puede llevar a un gran estado de frustración, y de ahí, al complejo de inferioridad, hay un paso.

 

¿Cómo sabemos si sufrimos un complejo de inferioridad?

Quienes lo padecen normalmente tienden a:

  • Tener baja autoestima
  • Ser inseguros y tener poca confianza en sí mismos
  • Ser tímidos y muy complacientes con los demás
  • Ser Dependientes
  • Infravalorarse y sobrevalorar a los demás
  • Ser indecisos y pedir demasiados consejos a las personas de su entorno

Si además se uniese la envidia a dicho complejo (lo cual no siempre se produce). Los síntomas que también podemos encontrar son:

  • Abuso de su autoridad, si la tienen
  • Necesidad de destacar los defectos ajenos
  • Se sienten fracasados al compararse con los demás

 

 

lenguaje no verbal

 

¿La especie humana es gregaria por naturaleza?

El ser humano tiende a poseer una conducta gregaria, y así queda demostrado en el experimento del psicólogo Solomon Asch. Depende de la personalidad de cada uno esta tendencia será mayor o menor, pero ninguno de nosotros podemos presumir de no tenerla. Sentimos miedo a destacar, a marcar la diferencia y que esto se vuelva en nuestra contra. Es más cómodo escabullirse entre el rebaño, seguir su mismo camino y quejarse cuando nadie puede perjudicarnos, sin mover ni un solo dedo para cambiar nada, por temor. En otras ocasiones somos gregarios de manera inconsciente.

Existen algunos experimentos donde se demuestra que el ser humano puede ser dirigido sin saberlo, así lo demostró en el suyo el psicólogo Stanley Milgram. Consistía en un grupo de personas, ayudantes de Milgram, que seguían sus indicaciones en una acera de Nueva York. Debían pararse a mirar, durante un minuto, una ventana de uno de los edificios colindantes. En esa ventana no pasaba absolutamente nada de particular. Mientras, Milgram, observaba cual era el comportamiento de los viandantes. Observó que, cuando solamente era uno de sus ayudantes el que se paraba a mirar, lo hacía un 4% de los viandantes. Si eran 15, entonces hasta el 40% de los peatones interrumpían su camino para intentar averiguar qué observaba aquel grupo. Basta una pequeña reunión de cinco personas, mirando a la nada, para provocarle, a un gran número de personas, la duda de si se estará perdiendo algo importante.

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El deseo de unirse a ese grupo, formar parte de algo aunque no se sepa de qué se trata. De esta tendencia se aprovechan los publicistas, programas de televisión, grupos de moda….somos gregarios, deseando formar parte de la manada solo por no sentirnos diferentes al resto. Perfecto para crearnos a todos la necesidad de oler de una manera, vestir de otra, acudir a locales denominados cool, beber aquellos que todos piden, votar a quien todos siguen… Nuestra parte más instintiva, y quizás de las más primitiva, es el gran negocio universal para el propio ser humano. A parte de un modo de control sobre la sociedad impresionante.

 

 

¿Se puede superar el síndrome de Solomon?

La respuesta es sí. Lo primero es reconocer que tenemos un problema, comprender que estancamiento sufrido en la vida es solo responsabilidad nuestra. Entender que quizás estemos arrastrando un importante complejo de inferioridad mezclado con un tremendo miedo a nadar contracorriente, en definitiva, reconocer todo lo que estamos haciendo mal.

No es nada fácil aceptar que estamos siendo absorbidos por la mayoría, que hemos perdido estupendas oportunidades de realizar algo que deseábamos o visto obligados a hacer otras. Pero si nos sentimos atrapados en las opiniones de los demás, aterrados ante las etiquetas que nos puedan colgar, y amargados por el camino escogido, es necesario ser valientes para cambiar nuestro presente. Dejar de obsesionarnos por el que dirán.

“Hay hombres cuya conducta es una mentira continua”. Barón de Holbach (1723-1789) Filósofo francés.

 

 

 

 

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