La autoestima puede definirse como la suma de los siguientes aspectos:

  1. La confianza se centra en la  percepción de nosotros mismos, especialmente de nuestras capacidades. Ser capaces de confiar en lo que somos capaces de hacer nos aumenta la seguridad.
  2. La auto-imagen la manera en la que nos vemos cunado nos estamos relacionando con las personas que nos rodean. No es necesario pensar en quiénes somos o en qué valor tenemos. Simplemente es la imagen que sentimos que proyectamos en los demás. Esto nos protege cuando los demás nos ven mal. No hace que no reflexionemos sobre nosotros mismos, pero evita que tengamos que estar siempre agradando para relacionarnos con tranquilidad. Refleja el valor de la autoestima.

La autoestima no es gratuita hay que luchar por ella, hay que fomentar situaciones que favorezcan su desarrollo.  La autoestima determina cómo percibimos el mundo. Los hechos son objetivos pero no la vivencia que tenemos de ellos. En muchas ocasiones no podemos cambiar las circunstancias pero sí la forma de interpretarlas. Probablemente a todos nos gustaría ser vigilantes de la playa: cuerpos bonitos y bronceados, todos los días tumbados al sol… Por desgracia esas no suelen ser nuestras circunstancias; ahora bien, si nos centramos en lo que no tenemos en vez de en lo que sí, en lo negativo en vez de en lo positivo, nuestra autoestima se verá seriamente dañada.

 

Los hechos son objetivos pero no la vivencia que tenemos de ellos

 

Está muy bien centrarse en cómo mejorar la autoestima, pero en cualquier caso hay que especificar que normalmente aumentar la autoestima es una consecuencia de algo anterior. No se consigue de la nada. No basta con aplicar consejos que nos focalicen en lo positivo. Desde luego ayudan, pero normalmente el fortalecimiento de la autoestima se consigue al enfrentarnos y superar miedos e inseguridades. Cuando nos enfrentamos, reducimos la autocrítica destructiva y potenciamos la constructiva. Psicólogos Tres cantos.

 

autoestima

 

La función negativa de la crítica sobre la autoestima

Mecanismos como la crítica son efectivos para enfrentarnos a muchas situaciones: detectar nuestros errores nos hace aprender. Pero cuando esta críticas son continuas dejan de ayudarnos a enfrentarnos a las situaciones y acaban convirtiéndose en un serio problema. Momentos en los que es posible fracasar o ser rechazados, en los que nos sintamos culpables o frustrados son especialmente propicios para provocar críticas que dañen profundamente nuestra autoestima.

Es posible que en ocasiones queriendo enfrentarnos a una situación nos califiquemos de inútiles y torpes, cuando objetivamente lo que pasó fue que nos tembló la voz al expresar nuestra queja en una reunión, o tropezamos con el escalón que no vimos. Si vamos asumiendo como realidades cada una de las críticas que nos hagamos y no intentamos valorar otras realidades objetivas iremos debilitando lentamente el aprecio hacia nosotros mismos.

 

Suscríbete a nuestro blog

 

Una buena forma para cambiar la función negativa de la crítica es intentar oír “la voz” interna que valora lo que está bien o mal de nosotros mismos. Pararse a escucharla puede facilitar que analicemos la finalidad y las consecuencias reales de ésta.

La terapia psicológica afronta este tema desvelando y analizando las afirmaciones negativas sobre uno mismo y dota a la persona de nuevas afirmaciones objetivas y positivas que fomenten la autoestima en vez de socavarla. Quizás la afirmación del principio ante el espejo podría haber sido otra: ¡bueno no me está nada mal el pelo así!. La imagen del espejo es la misma. Su autoestima lo agradecerá.

 

autoestima psicologodecabecera.com

 

autoestima

Las personas con baja autoestima suelen evaluar como baja su propia capacidad para hacer frente a desafíos. Es difícil que las personas se enfrenten a retos si no tienen confianza en su capacidad para resolverlos. Psicólogos Tres Cantos.

El nuestro trabajo como psicólogos, vemos a menudo cómo la autoestima mejora en la medida en la que se va avanzando en en el proceso de psicoterapia. Normalmente elevar la autoestima es la consecuencia de afrontar y recalibrar las limitaciones cada uno siente que tiene. Cuantos más éxitos mejor autoestima.  No es necesario padecer un trastorno para tener baja la autoestima. Las personas con baja autoestima a menudo tienen una visión negativa de sí mismos comparándose constantemente con lo bueno que hacen otras personas. Uno tiende a centrarse en las carencias y en subestimar los aspectos positivos de sí mismos, a menudo, porque se tiene dificultad para verlos.

Las personas con baja autoestima suelen evaluar como baja su propia capacidad para hacer frente a desafíos

Muchas personas que reciben tratamiento por un trastorno de ansiedad sienten que su autoestima ha mejorado durante el tratamiento. Trabajar para afrontar los miedos y sensaciones negativas, produce una sensación de avance. Trabajar para conseguir nuevas evidencias, nuevas conclusiones potencia el bienestar y la autoestima. Frases como «no tengo que ser del agrado de todo el mundo»o, «quiero concederme el derecho a hablar, o a permanecer callado» resumen bien estos cambios necesarios. Por medio de una psicoterapia las personas tienen la oportunidad de  reforzar la forma de pensar y de actuar.

Cómo mejorar la autoestima desde el positivismo.

1.- Haz un diario de lo positivo. Todas las noches, escribe algo bueno que haya ocurrido, escribe por lo menos tres cosas.

2.- Crea una lista de deseos. Saber lo que se quiere es un paso previo para ser capaz de alcanzar los objetivos. Anota todo lo que quiere hacer y todo lo que quieres ser.

3.- Perdónate a ti mismo. No hay personas perfectas. Todo el mundo comete errores, se más tolerante contigo mismo. Permítete algunos errores, o mejor aún comételos voluntariamente, no hace falta que sea ante situaciones muy relevantes. Experimenta si es tan terrible cometer errores, o en realidad es peor tu temor que el hecho.

4.- Deja de compararte con los demás.  Nos solemos comparar con personas que son distintas a nosotros. Al hacerlo comprometemos a nuestra autoestima, potenciando el análisis de lo que nos falta, de lo que otros tienen y nosotros no. ¡Cuidado! puede ser bastante injusto para uno mismo crear personas perfectas con trocitos perfectos de los demás. Podemos acabar creando pequeños e irreales Frankenstein.

5.- Afronta los conflictos. Expresa desacuerdo cuando así lo sientas, intenta no cargarte de razones poderosas a la hora de expresar opiniones diferentes a las de otros. Se algo científico y comprueba si, el rechazo y el conflicto, o la valoración que puedan hacer de ti es tan negativa como habías creído. A lo mejor acaba sorprendido.

 

Las principales causas para sentirse inseguro:

1.- Necesidad de control.

Cuando necesitamos garantías de que las cosas serán como queremos que sean, aumentamos la probabilidad de bloquearnos ante cualquier amenaza a la estabilidad. La necesidad por sí misma no tiene nada de malo, pero cuando nos volvemos buenos consiguiéndolo nos resulta difícil dejar de hacerlo. Ver siempre lo que falta potencia la sesión de que puedo mejorar, pero también la sensación de siempre puede salir algo mal. Este pesimismo al que he dedicado algún otro artículo nos potencia la inseguridad y la sensación de peligro a lo largo del día.

Podemos decir que la dificultad para asumir riesgos a la hora de tomar decisiones aumenta exponencialmente la probabilidad de sentirse inseguro.

Esta causa junto con la siguiente, la tendencia a evitar, son probablemente las que con mayor frecuencia generan inseguridad y bloqueo en las personas. Son dos causas en las que se puede intervenir psicológicamente entrenando a las personas para gestionar de manera diferente sus emociones y las soluciones ante los problemas.

2.- Tendencia a evitar afrontar problemas o temores.

Esta tendencia normalmente se deriva del punto anterior. Aquellos que tienden a evitar el momento de afrontar los problemas, obtienen alivio a corto plazo pero aumentan la probabilidad de sentirse inseguro. Al retrasar las decisiones aumenta la sensación de que hay muchos peligros, y se acumulan menos experiencias de éxito que las personas que se arriesgan y afrontan las consecuencias. No hay tantas evidencias de que las cosas no siempre salen mal, de que no nos equivocamos tan a menudo. La confianza y la seguridad en uno mismo no crece si posponemos la soluciones a los problemas, por ello es fundamental cambiar la actitud y empezar por las pequeñas decisiones diarias, para llegar finalmente a las más complicadas.

3.- Carencias afectivas durante el desarrollo (infancia y adolescencia).

El tipo de educación y apoyo que recibimos de nuestros padres, hermanos, abuelos, e incluso amigos, es la base de nuestra autoestima. Cuando recibimos una cantidad buena de reconocimiento, de apoyo, cuando nos sentimos importantes  o necesarios para los que queremos, hace que de mayores seamos más seguros. Por tanto las carencias afectivas o patrones educativos excesivamente exigentes y con poco contacto físico, hace que quienes lo sufran tiendan a sentirse más inseguros.

4.- Genética.

Además de los modelos educativos que hemos tenido durante la infancia, hay que tener en cuenta que cada persona nace con una inercia genética que nos favorecerá o no la inseguridad a la hora de afrontar las relaciones sociales, las decisiones, o incluso la capacidad de disfrute del ocio. En términos informáticos, podemos decir que es el hardware en el que se cargarán los diferentes «programas» a lo largo de la vida.

5.-  La vivencia en general de acontecimientos vitales estresantes (TEPT).

La vivencia de episodios traumáticos como accidentes, violaciones, incendios, y por supuesto el acoso escolar son acontecimientos que predisponen a sentirse inseguro. Potencian la sensación de peligro y hace que las personas que los han padecido tiendan a ser más precavidas e inseguras en algunas áreas de su vida.

6.- Apoyo social e imagen que nos devuelve el entorno.

La existencia o no de un grupo de personas de referencia: familia, amigos, compañeros de estudio, de trabajo y de ocio son muy relevantes a la hora de analizar la sensación de seguridad que cada persona tiene. Antes hablaba de la familia y los modelos educativos, aquí debemos hacer hincapié en el resto del entorno social. La gente es al fin y al cabo un espejo en el que mirarnos. Si la imagen que nos devuelve es buena es más probable sentir seguridad, tener la autoestima alta… Es importante relacionarse con gente y generar buenas habilidades de comunicación, en donde seamos capaces de pedir lo que queremos, afrontar los conflictos derivados del día a día, podamos ayudar y ser ayudados…

No hay que tener una visión determinista en la que todo viene pre configurado de fábrica, dependiendo de la motivación individual para hacer cambios y aprender a afrontar las cosas de manera diferente, así se podrá combatir el sentimiento de inseguridad. No hay que conformarse con sentirse inseguro. Se puede aprender a gestionar o afrontar los problemas, responsabilidades y decisiones de más maneras de las que hemos aprendido desde pequeños.

Protocolo para evitar contagios en el centro

Pincha en el enlace para conocer como influye el coronavirus en las sesiones de terapia.

Conoce nuestro protocolo