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Últimamente, se ha puesto muy de moda decir que se tiene un TOC cuando se desea contar alguna particularidad personal determinada, como comprar décimos de lotería que acaben en 29, o desayunar con una taza roja todos los días. Las pequeñas manías, costumbres curiosas, o ser supersticioso, no significa que se padezca de este trastorno. Es desafortunado frivolizar con un tema que sufre un 2,5% de la población española, cuando las ideas y rituales obsesivos pueden llegar a resultar incapacitantes, e incluso desesperantes, para quien lo padece. Afortunadamente, no siempre es así, y en la mayoría de los casos se podrá aprender a enfrentarse a los síntomas con ayuda de un terapeuta y así conseguir una buena calidad de vida.

Lamentablemente, nos informamos poco sobre las enfermedades mentales. Ya sabemos que muchos siguen considerándolas tanto un estigma como algo vergonzante que esconder. Por eso, cuando alguna de estas enfermedades y trastornos debutan en nuestra vida, nos sentimos absolutamente desorientados y sin saber muy bien a quién acudir. La pedagogía sobre estos temas es esencial, porque cuando algo se comprende, deja de ser temido o rechazado.

 

¿Con el TOC dejamos de disfrutar de una vida social saludable?

En absoluto. Tener TOC y una buena vida social, no es incompatible. Es obvio que viviremos momentos donde nos costará ser más sociables, pero todo es cuestión de afrontarlo con absoluta normalidad. Es muy importante comprender el trastorno que se padece y asumirlo como parte de nosotros. Cuanto más nos informemos sobre cómo se comporta nuestra mente, mejor podremos usar las herramientas que nos aporte el terapeuta cuando comencemos el tratamiento.

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La aceptación supone dejar de culparnos por no ser cómo el resto, y en vez de preocuparnos ocuparnos. En el momento en que la culpa desaparece, dejamos espacio para la comprensión y el esfuerzo. Sería deseable, que contásemos lo que nos sucede a las personas con las que tenemos una mayor confianza. Es cierto que la lucha debemos hacerla nosotros, pero tener un hombro en el que apoyarse y alguien nos comprenda, hará que todo resulte menos complicado. Además, si nos mantenemos callados, corremos el peligro de que nuestros seres queridos malinterpreten nuestra manera de proceder en diferentes situaciones, y decidan alejarse. Aunque bien es cierto, que contar lo que nos está sucediendo no evitará que haya personas que prefieran darnos de lado, y para eso también debemos estar preparados.

 

toc terapia

 

El entrenamiento de la mente

Actores muy conocidos como Leonardo Di Caprio o Daniel Radcliffe, padecen el trastorno y pueden tener una vida tanto laboral como personal plena. Ambos han reconocido que la terapia les ha ayudado mucho a seguir adelante. Si ellos lo están consiguiendo, nosotros también. No se trata de engañarnos y fingir que no nos sucede nada delante de los demás. Se trata de estar convencidos de que ante un pensamiento obsesivo, sabremos cómo actuar para no bloquearnos y aislarnos en nuestra concha de cristal. También se trata de no sentirnos pequeñitos y menos capaces si en alguna ocasión el bloqueo nos gana durante un tiempo.

Pensemos en una persona que pierde una pierna en un accidente. Seguramente, lo que quiera es no volver a salir de casa. Pensará en lo duro que debe ser comenzar a aprender a vivir con su capacidad diferente. En cómo le mirarán los demás cuando descubran que lleva una pierna ortopédica. Poco a poco, entenderá que debe adaptarse a su nueva vida y comenzará a exponerse. Sabiendo que tendrá momentos maravillosos como antes del accidente, y otros desagradables que tendrá que aprender a enfrentar. Algo parecido sucede con las personas que padecen TOC.

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Todo se puede entrenar. Incluso los actores se entrenan para poder crear espectáculos basados en la improvisación, ya que es un género que no se puede ensayar. También se entrena la mente para poder hablar otro idioma sin necesidad de quedarse callado unos minutos para traducir de una lengua a otra. Por lo tanto, no es para nada imposible entrenar nuestro cerebro para identificar la obsesión y manejarla siguiendo las pautas del especialista.

 

La opinión de los demás

Los humanos somos seres sociables. Nos gusta relacionarnos con los demás, y también nos afecta cómo nos trata el grupo. Es duro sentirnos apartados porque el resto nos considera un tanto raro por el comportamiento que a veces demostramos a causa de nuestro trastorno. Incluso se sufre ese aislamiento por parte del grupo después de haber decidido explicar cuál es nuestra idiosincrasia. Debemos contar con ello. La comprensión de los demás no está garantizada, pero ni para entender lo que supone una enfermedad mental ni cualquier otro problema que se pueda tener. Por lo tanto, es necesario que durante la terapia planteemos estos miedos y nos armemos emocionalmente para enfrentar las reacciones negativas que puedan surgir. El terapeuta nos ayudará a darle la importancia justa, y a no sentirnos culpables por padecer un trastorno que en ningún caso hemos elegido tener.

 

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Permítete sentirte desanimado. Nunca vencido

 

Hasta el guerrero más duro y osado ha sentido alguna vez el sabor del desaliento en sus labios. Date permiso para sentirte cansado, decepcionado o enfadado. Nadie te va a decir que vaya a ser fácil, y tampoco imposible. Cuando sientas esos momentos de desánimo, tómate tu tiempo, usa las herramientas que la terapia ha puesto en tus manos, y continúa adelante en cuanto te hayas insuflado fuerza. Es posible que existan unas cuantas cosas que no puedas hacer porque tus miedos y obsesiones te lo impidan, pero hay otras muchísimas que sí. Tienes ante ti un abanico de posibilidades que podrás convertir en realidades con tan sólo proponértelo. Como dijo Einstein: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”.

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