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Los sofocos no son solo consecuencia de la ansiedad, hay variedad de razones para que se produzcan: menopausia, ejercicio intenso, hipertiroidismo, digestión de alcohol…  La ansiedad puede producir calor debido a los cambios fisiológicos que producen los estados de alerta. Lo habitual es que el estrés eleve la temperatura periférica. En concreto los brazos y piernas elevan su temperatura debido a la afluencia de mayor circulación sanguínea. Cuando el cerebro está alerta, considera que debe favorecer que los recursos que le pueden ayudar a defenderse de una amenaza estén presentes. Llevar sangre a las extremidades ayuda a alimentar los músculos en caso de tener que usarlos. Este mecanismo es bastante extraño, si no se pone en su debido contexto. En el artículo, 11 efectos de la ansiedad en el cuerpo puedes profundizar más en los porqués de esta respuesta del organismo.

Cuando los niveles de estrés son intensos y mantenidos durante periodos largos de tiempo, la persona puede ponerse un termómetro y ver que hay febrícula. El termómetro puede alcanzar los 38 grados y no implicar nada más que hay estrés.

 

Tendencia a los sofocos

Las personas con tendencia a padecer ansiedad son más proclives a incomodarse con la sensación de calor. El cuerpo consume una gran cantidad de energía al tratar de regular la temperatura corporal. El calor puede provocar síntomas parecidos a los que produce la ansiedad. Dependiendo de la intensidad, hay personas que no toleran estos síntomas físicos, y los confunden fácilmente con la ansiedad. Muchas personas padecen ansiedad precisamente por no querer padecerla.

Si somos propensos a padecer ansiedad cuando hace calor, lo más aconsejable es que valoremos la ansiedad a tres niveles: fisiológicocognitivo conductual.

  • Fisiológiconuestro corazón late mucho más fuerte, sentimos temblores, sequedad de boca, sofocos…
  • Cognitivo: tenemos pensamientos automáticos negativos basados en distorsiones cognitivas. Pensamientos que, en la mayoría de las ocasiones, no tienen correspondencia alguna con la realidad. Muchas veces, la ansiedad provoca que pensemos en base a estas ideas deformadas. Ideas que, a su vez, nos provocan más ansiedad.
  • Conductual: tiene relación directa con el cognitivo: actuamos como pensamos. Estamos inquietos, desasosegados, no nos concentramos, nos movemos de un lado a otro, nos falla la atención a lo que estamos haciendo… Esta sensación de estar siendo poco productivos puede ser muy desasosegante.
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sofocos

 

Se ha mostrado altamente efectivo el tratamiento de la ansiedad y los sofocos con la terapia cognitivo conductual. Un buen psicologo clinico que trabaje con esta terapia puede ayudarnos a través del siguiente tratamiento de la ansiedad:

  • Enseñarnos en el plano fisiológico a tener control sobre nuestros síntomas corporales. Para ello, puede enseñarnos técnicas de relajación como la de Jacobson, que consiste en tensar y distender alternadamente los músculos de nuestro cuerpo.
  • En el plano cognitivo nos ayudará a estar alerta a todas las frases irracionales que nos decimos cuando estamos influidos por el calor. Esto requiere práctica y esfuerzo pero un buen psicologo clinico nos enseñará cómo hacerlo. Se trata de detectar estos pensamientos cuando surjan y oponerles otros racionales. Por ejemplo, si pensamos que estamos teniendo síntomas de ansiedad lo racional es pensar: “está bien. Esto son solo sensaciones. Son molestas pero puedo vivir con ellas. Nadie muere por  la ansiedad”.
  • En el plano conductual, por último, nos puede enseñar a ver qué hacemos cuando tenemos ansiedad causada por el calor. Así sabremos cuándo estamos experimentando los síntomas que pueden confundirse con la ansiedad o que constituyen la ansiedad misma. A estos síntomas podemos oponerle el abanicarnos o remojarnos la nuca, las sienes y las muñecas con agua que deberíamos llevar siempre encima.

 

 

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