Si rebuscamos en los manuales podremos averiguar que al miedo a cruzar puentes también se le llama gefirofobia.

Cuando se valoran fuera de contexto el miedo a cruzar puentes y el miedo meterse en túneles, no resulta sencillo intuir la causa por la que se producen. Parece que en sí mismos los puentes son estructuras inocuas que no tendrían que producir ningún malestar en las personas. Aun así, hay personas que se bloquean en estos contextos.

Hablar de gefirofobia y miedo a túneles nos obliga también a hablar de otra fobia muy relacionada la amaxofobia. Este temor irracional hace referencia al miedo y bloqueo a conducir vehículos. No está circunscrito a ningún entorno en particular, es en sí la conducción de un coche lo que genera el bloqueo.

 

miedo a cruzar puentes

 

¿Por qué se causa el miedo a cruzar puentes o a meterse en un túnel?

La ansiedad se produce como consecuencia de varios factores: el estilo de personalidad, la vivencia de situaciones traumáticas, el nivel de actividad, la sensación de no acabar de resolver muchos temas pendientes en el día a día (no tienen porque ser situaciones graves, basta con que estén presentes y no acaben de resolverse), la tendencia a somatizar de cada persona, el manejo que se hace de las sensaciones físicas… y en especial, para entender el miedo a cruzar puentes o el miedo a pasar por túneles, la capacidad para tolerar sensaciones y no ser impaciente a la hora de alejarse de las sensaciones.

Como se puede entender por la descripción de síntomas que he hecho sobre las causas de la ansiedad, estos miedos están muy asociados a las crisis de ansiedad y al trastorno de pánico (no deje de pinchar en los vínculos para conocer mejor estos problemas). La realidad es que sin necesidad de que haya niveles de ansiedad altos, basta con que haya sensaciones físicas como mareo, inestabilidad, taquicardias, sudoración, o sensaciones de irrealidad en algún momento, para que si la persona se siente insegura.

 

Perder el control

La amenaza por perder el control mientras se está conduciendo, es suficiente para que a partir de ese momento aumente exponencialmente la atención hacia cualquier sensación que implique poder tener un accidente o no controlar bien el vehículo. Lo que busca una persona con estas características es que el cuerpo esté tranquilo, en un estado neutro que no precipite ningún síntoma preocupante. Esta forma de conducir hace que constantemente se estén percibiendo amenazas, y se planteen interrogantes sobre si “¿Tengo demasiado sueño?”, “¿Estoy cansado?”,” ¿Si me pierdo sabré volver? ¿Y si resulta que me pongo malo?”.

Pero, ¡¡¡¿Qué tiene un puente o un túnel para producir ansiedad y bloqueo?!!! Pues tiene lo mismo que una peluquería, un cine, un tren, o un centro comercial: que no se puede salir de ese contexto en el mismo momento en el que se desea. Nuestra ansia por salir de un entorno, o nuestra intolerancia a sensaciones físicas intensas, se convierten el motor de nuevas sensaciones y en la causa de más deseo de salir rápidamente de un sitio en el que la persona lo percibe como estar atrapado. El miedo y la anticipación tras vivir situaciones angustiantes en estos contextos, son en definitiva los que complican del todo el problema, trasformándolo en crisis de ansiedad y/o en un trastorno de pánico.

 

miedo a cruzar puentes

 

¿Qué se puede hacer para vencer el miedo a cruzar un puente o a meterse en un túnel?

Lo más importante para vencer estos miedos es vivir experiencias en donde se ha sido capaz de gestionar las sensaciones físicas y emocionales. Me explico mejor, cuando percibimos amenazas, el miedo se va haciendo más fuerte cuanto más evitamos estar mal. Algo lógico. A nadie le gusta sentirse mal, pero cuando uno se vuelve demasiado bueno evitando, el malestar puede acabar desbordándose. La mera posibilidad de que puedan brotar las sensaciones sin control hace que siempre estemos bloqueados o alarmados. Nos podemos volver tan intolerantes al malestar, y tan impacientes por que desaparezcan los síntomas que en todas partes vemos amenazas.

Hay que empezar por buscar ejercicios que ayuden a la persona a convivir con dosis bajas de malestar, una vez lo consigue, de forma graduada y jerarquizada hay que ir proponiendo nuevos experimentos que ayuden a avanzar un nuevo escalón. Un psicólogo propone, y si es posible supervisa en vivo los ejercicios, guiando a cada persona para que el resultado final se alcance. Algunos ejercicios que forman parte del proceso de tratamiento son: manos atadas, exposición a sensaciones físicas, otros contextos similares (ascensor), puente caminando, puente en coche… No deje de leer el artículo: la magia de la tareas y pautas en psicoterapia.

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