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Negociar necesidades es fundamental para que nuestra autoestima pueda crecer y nos permita estar lo suficientemente seguros de lo que somos y valemos. Pedir puede ser una tarea tremendamente ardua sobre todo cuando suponemos o sabemos que nuestra demanda no será bien recibida. Digamos que para quien desea que no haya conflictos le resulta relativamente más fácil renunciar a sus necesidades que defenderlas. “si consigo convencerme de que es poco importante no tendré que enfrentarme al otro”. Cuando esto se convierte en un hábito puede empezar a producir efectos como dejar que los demás se impongan en demasiadas ocasiones.

En “el mejor de los casos” nuestra reacción puede ser la de ira descontrolada tras habernos cargado lo suficiente y gracias a ello podamos parar a quien nos produce malestar. Por el contrario una reacción brusca puede producir un sentimiento de culpa por haber sido desproporcionados o excesivos en la reacción, facilitando que la próxima vez midamos aún más las palabras antes de hablar o que incluso no hablemos “por no liarla”.

 

Valora esto…

Ante las consecuencias destructivas de no negociar necesidades, una reflexión necesaria para poder valorar algún tipo de alternativa o cambio es la siguiente: ¿Tengo capacidad como para tener opinión o deseo sobre algo?, ¿Puedo conseguir siempre que los otros entiendan mis motivos y necesidades cuando hago las cosas?, ¿Puedo vivir con la valoración negativa de los demás?. En demasiadas ocasiones estamos más preocupados por conseguir la aceptación de otros que en afrontar las consecuencias de no obtenerla. Es obvio que es deseable que los demás compartan nuestras decisiones pero por desgracia no depende de nuestras ganas sino de las de los demás. Psicólogo Tres Cantos.

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negociar necesidades

 

Para poder permitirnos dialogar con otras personas de nuestras necesidades incluso cuando no están de acuerdo o están en contra, antes tendremos que haber recapacitado sobre nuestros derechos individuales como persona. Si mencionamos algunos, vamos a ver que son básicos pero aún así no siempre los tenemos en cuenta.

 

Un ejemplo de negociar necesidades

¿Tienes derecho a expresar y a sentir el dolor?, o realmente tiendes más a pensar: “La gente no quiere oír que estoy mal, guárdatelo”, desde luego es más lógico lo primero pero nos exponemos a ser molestos para los demás, y eso… no es fácil. Veamos otro ejemplo: ¿Tienes derecho a no responsabilizarte de los problemas de los demás?, o encaja más en tu vida frases como: “debería ser sensible ante las necesidades y los deseos de los demás, aunque no sean capaces de decirme lo que quieren”. En esencia ayudar a los demás es fantástico, pero ¿hasta que punto nos dejamos de lado para conseguir el bienestar de otros?, si no respetamos nuestras necesidades a la larga los demás no tenderán a hacerlo por nosotros. Así nuestra autoestima y nuestro ánimo quedará seriamente dañado. Negociar necesidades.

Así pues conflictos, malos pensamientos y una gran capacidad para quitar hierro a las situaciones, pueden acabar haciendo un cocktail un tanto peligroso y bastante dañino para nuestra salud psicológica. Arriesgarnos a cambiar estos aspectos puede parecer duro y difícil pero intentarlo puede hacernos descubrir una gran experiencia que nos anime a seguir creyendo en nosotros.

 

 

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