Cuando nos encontramos con situaciones de conflicto, lo normal es que nos sintamos incómodos o especialmente alerta ante lo que pueda ocurrir. Lo normal es que queramos encontrar el modo de reducir esa sensación, para lo cual se nos abren algunas opciones principales: convencernos de que no es para tanto, y que da lo mismo lo que está ocurriendo; negociar y conseguir que la situación se resuelva; y por supuesto  enfadarse y poner un freno a lo que consideramos que es injusto o inadecuado.

 

Ventajas e inconvenientes de los conflictos

Como premisa básica, podemos decir que es rara la persona que por principio le guste discutir o generar conflictos. Normalmente el conflicto se desata cuando sentimos que algo es inaceptable. Por esta razón aquellos que son más rígidos en sus planteamientos morales, en sus esquemas de cómo deben ser las relaciones sociales, profesionales, etc., tienden a saltar con mayor rapidez cuando se convive con ellos. En el lado opuesto están las personas que para evitar tener conflictos minimizan las tensiones que se generan ante reproches, críticas… En este caso, es fácil el trato cotidiano con ellas pero la tendencia es que por evitar tensiones puedan callarse sus malestares y o bien se sientan mal sin decirlo o acaben saltando cuando no puedan más.

 

conflictos

 

Es rara la persona que por principio le guste discutir o generar conflictos

 

Es fácil que caigan en el error de creer que por plantear una situación que incomode a otros son ellos los que están siendo conflictivos, intolerantes, egoístas… Por eso suelen creer que si lo dejan correr un poco más el problema acabará cambiando, lo cual no tiene por qué ser cierto.

 

Dos estrategias ante el conflicto

Estallar o dejarlo correr. Estos dos tipos de actitud ante los conflictos tienen ventajas e inconvenientes. Los primeros son capaces de mostrar sus necesidades y defenderlas eficazmente, pero suelen desgastarse bastante al indignarse a menudo con los acontecimientos y personas que les rodean. Para ellos aprender a reducir la dureza con la que juzgan el mundo y a las personas, les ayudará a no verse indignados con frecuencia. De esta forma podrán expresar exactamente igual sus necesidades o malestares sin verse bloqueados por emociones como la ira, la rabia…

En términos psicológicos hablamos de sustituir la agresión por la aserción. Es decir, comunicar a los demás nuestras necesidades y deseos sin usar como medio para que cambien la coacción. Los segundos, los que tienden a callar, utilizan una estrategia que se puede denominar sumisa, evitan expresar sentimientos que los demás pueden valorar como molestos, para ellos será fácil relacionarse y mantener amistades, aunque el pago que tendrá que realizar será el de quemarse por dentro o bien el de acabar saltando quedándose después con sentimientos de culpa por poder haberse excedido.

 

 

No es fácil para ninguno de los dos hacer cambios hacia la aserción, pero de cara a reducir los niveles subjetivos de malestar es un objetivo que será siempre beneficioso para ambos. En los próximos números intentaré dar algunas claves para manejar mejor los sentimientos que bloquean y poder expresar nuestras necesidades de forma adecuada.

Las características de personalidad, las habilidades que cada uno tiene y el resultado obtenido resolviendo otros conflictos, harán que reaccionemos de uno u otro modo ante ello. Siguiendo la línea que apuntan Alfonso Alonso y Beatriz Becerro de Bengoa en su libro: “pregúntame sobre el conflicto“, veamos algunas cuestiones relevantes que se abordan por estos autores en su libro:

 

Preguntas sobre el conflicto

 

Hay personas que con tal de evitar los conflictos, ceden por norma a los deseos de los demás, ¿es importante ser capaces de expresar nuestro desacuerdo?

 

¡Claro! si no expresamos desacuerdo podremos evitar unos pocos conflictos, pero a cambio se producirán muchos más. A priori todos deseamos estar tranquilos y sin peleas, la realidad es que no siempre depende de uno mismo el que las haya o no. Las personas que nos rodean tienen diferentes puntos de vista y por tanto también necesidades distintas que a menudo entran en conflicto con las nuestras.

 

¿Dejamos de hacerlo a veces por miedo a perder el afecto de los demás? ¿Es importante aprender a no vivir tan pendientes de la opinión ajena?

 

La opinión positiva de los demás nos da un reflejo de lo que somos. Es fácil sentirse bien sabiendo que las personas que nos rodean tienen una buena imagen de nosotros.  El problema es que se puede convertir en un lastre el no ser capaz de desagradar. Entre otros efectos puede impedir disfrutar del presente al estar uno demasiado pendiente de cada frase o acto observando cómo lo perciben los demás.

 

huir del conflicto

 

Hay también personas que reaccionan con agresividad ante cualquier discrepancia, queriendo imponer siempre su voluntad, ¿A qué es debido?

 

Desde luego las hay. Son personas que a menudo se las valora como seguras, con carácter, pero quizás sería más correcto decir que son personas con cierta rigidez en cuanto a las normas. Tienen muy bien definido y asumido lo que está bien o mal, lo que se debe o no hacer. Cuando se rompen sus esquemas se sienten rápidamente legitimados para saltar y frenar lo que consideran que es algo inaceptable. Con frecuencia sus normas incluyen no generar conflictos, llevarse bien con la gente, pero eso es insostenible desde el momento en el que creen que ya no se puede aguantar más. Cuantas más normas, y más rígidas son, más probable es la explosión.

 

¿Para resolver un conflicto es importante ser capaces de ver qué parte de responsabilidad tenemos en él y no quedarnos en él ‘ha empezado él’ de cuando éramos niños?

 

Sí. De hecho el “ha empezado él” suele ser una excusa para no enfrentarse al diálogo o nuestra incapacidad para afrontar.  Esta frase taparía otra como “no te mereces que me esfuerce y te explique mis razones” (y así no tengo que enfrentarme a un conflicto que no me apetece nada tener). Si la persona se otorga este derecho, se libera del conflicto, pero no genera recursos para afrontar otros problemas similares en el futuro. En todo caso crea un hábito que le apetecerá volver a usar la siguiente vez que se encuentre en la misma situación.

 

lenguaje no verbal

 

¿Qué papel juega la asertividad en la resolución de conflictos?

 

Es fundamental. El problema es que a menudo se confunde asertividad con ser muy correcto y poco molesto. La aserción es un modo de comunicarse que garantiza que expresamos nuestras necesidades de forma clara. El problema es que no siempre la necesidad de uno es la necesidad del otro. En este punto es el que suelen aparecer los conflictos y la tendencia a la sumisión. En la consulta de un psicólogo a menudo se entrena a las personas en las habilidades asertivas recalcando que no valen de nada si no se afronta adecuadamente el malestar que puede derivarse de defender una determinad necesidad.

 

¿Pueden los conflictos, si nos escuchamos y buscamos alternativas, dar lugar a soluciones creativas o incluso hacernos avanzar?

 

Si partimos de la idea de que siempre hay una solución y normalmente breve para cada conflicto, el efecto que producirá es el de impacientarnos y desesperarnos. Sin embargo si somos realistas y asumimos el desacuerdo y la crítica a nuestras posiciones como una opción, dará pie a encontrar soluciones o alternativas que favorezcan el avance e incluso la ilusión. Por tanto ajustar la expectativa es un requisito previo para mantener una actitud adecuada durante la resolución de los conflictos.

 

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