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En 1984, los investigadores B. E Robinson y J. O’Reilly tras realizar un estudio en Minnesota llegaron a la conclusión de que los habitantes de la ciudad, además de tener preocupación por engordar, sentían un rechazo significativo hacia las personas obesas. Fueron ellos los que comenzaron a utilizar el término fat phobia, de ahí proviene obesofobia. Quienes la padecen sienten pavor ante la simple idea de tener sobrepeso, y también intentan alejarse de aquellos que lucen michelines o prominentes barrigas. La visión de estas personas les recuerda todo aquello que les asusta y rechazan. Si nos paramos a pensar, es la misma reacción que tendría ante una tarántula un aracnofóbico.

 

¿Y si la obesofobia fuese un síntoma de una grave enfermedad?

Todo puede comenzar con el deseo de perder unos pocos kilos para sentirse mejor. Lo normal es hacer una dieta lo más equilibrada posible, y añadir el deporte en nuestra rutina diaria. El problema surge cuando ese deseo se convierte en obsesión.

Además de la típica ansiedad y ataques de pánico que aparecen en todas las fobias, las personas que padecen la obesofobia suelen hacer continuas dietas, contar al milímetro las calorías y realizar mucho ejercicio. No es extraño que tengan una imagen distorsionada de sí mismos, con lo cual, es posible que frente al espejo nunca se vean lo suficientemente delgados. También suelen evitar los eventos donde la comida sea protagonista, se aíslan o tienden a relacionarse con personas que comparten su culto al cuerpo. obesofobia

 

 

Detrás pueden estar la anorexia o…

Sin duda, desarrollar un miedo a coger kilos y a las personas con sobrepeso, puede ser la antesala de enfermedades como la anorexia nerviosa o la bulimia. En ambas enfermedades se somete a un estrés extremo al cuerpo que puede llevar a la persona a la muerte. Recordemos que los enfermos de anorexia recurren a múltiples trucos para evitar ingerir alimentos y ser descubiertos. Por otro lado, los bulímicos suelen darse grandes atracones de comida. Después de hacerlo se sienten culpables, y para expulsar la comida se provocan el vómito. En ambas enfermedades el deterioro físico es muy patente cuando la enfermedad comienza a avanzar. obesofobia.

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También podría ser un síntoma de un Trastorno Dismórfico Corporal. Las personas que lo padecen no solo se preocupan por su peso, también tienden a verse imperfecciones corporales de todo tipo. Para ellos, su rostro nunca es demasiado perfecto o el cuerpo lo suficientemente armónico. No es raro que las víctimas de este trastorno recurran con frecuencia a la cirugía estética para eliminar ese defecto que les amarga la vida. Sin embargo, nunca se sentirán satisfechos y tras la eliminación de ese supuesto defecto, encontrarán muchos más. No son pocas las personas que terminan con un rostro o cuerpo completamente deformado tras multitud de operaciones estéticas.

 

Con un simple comentario…

Muchos de estos trastornos y fobias, se pueden activar en nuestra mente con un simple comentario que alguien hace sobre nuestro aspecto físico. Existe la mala costumbre de comentar el aspecto físico de los demás como una manera de iniciar una conversación. Es de dudoso gusto comentarle a alguien lo viejo, calvo o gordo que está desde la última vez que lo vieron. Todos tenemos espejos en casa, y sabemos perfectamente cuál es nuestro estado físico. Aunque, no olvidemos, que cómo nos ven los demás es siempre es algo subjetivo. Si de repente te encuentras con un conocido en la calle que incide en tus michelines, no es tan difícil que ese comentario lo conviertas en una idea tuya y comiences a hacer algo al respecto.

 

obesofobia

 

Culto al cuerpo

Estamos en una época donde el culto al cuerpo es absolutamente excesivo. Sin duda es importante y necesario cuidarnos tanto a nivel físico como psicológico, pero eso no quiere decir que si nuestro cuerpo no cumple los cánones de belleza actuales, debamos ser despreciados. Cada vez se empieza desde más joven a preocuparse por la estética de forma rocambolesca. Los medios de comunicación y redes sociales están ayudando a que sea así.

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No son pocos los personajes famosos que en cuanto cogen unos kilos de más, son vilipendiados, insultados e instados a desaparecer públicamente porque su físico ya no está a la altura de lo que se espera de ellos. Tampoco faltan los chistes sobre gordos. Muchos son grabados en los gimnasios para después mofarse de ellos públicamente, o son expuestos como paradigma de lo indeseable. No es de extrañar que se desarrolle la gordofobia de la que hemos hablado. Ninguno de nosotros desea ser despreciado ni el blanco de las burlas.

 

La terapia: Tu mejor aliada

Cuando sientas que el tener un aspecto y peso perfecto se convierte para ti en un motivo de ansiedad, recurre a un terapeuta. La opinión de los demás puede ser desactivada y que nos importe lo justo. Desear estar bellos y saludables debe ser un motivo para sentirnos bien. Tomar alimentos saludables, realizar un poco de ejercicio cada día y emplear una parte de nuestro tiempo en relajarnos, no solo es algo positivo sino muy aconsejable. En el momento en que nos cree angustia, aislamiento, odio hacia a la comida o nos castiguemos con dietas espartanas, debemos pedir ayuda. Recuerda que sin la mens sana, no podrás disfrutar del corpore sano.

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