El duelo lógico por la muerte de una persona querida suele tener las siguientes características: durante las primeras semanas los supervivientes reaccionan con conmoción e incredulidad. Cuando se comienza a aceptar la pérdida, la insensibilidad inicial se transforma en gran tristeza. Algunos lloran constantemente, otros padecen síntomas físicos (insomnio, pérdida del apetito…).

La forma en la que el ser humano ha afrontado la muerte ha cambiado mucho a lo largo de su historia. Antes la esperanza de vida era muy inferior a la actual, la medicina no paliaba el sufrimiento ni remediaba enfermedades que ahora consideramos latosas en vez de mortales. La muerte formaba parte de la vida cotidiana. Desde la psicología se están haciendo muchos esfuerzos para entender mejor los aspectos emocionales, morales y prácticos que conllevan la inevitable llegada de la muerte. Con los años las personas vamos entendiendo o aceptando el final de la vida.

Los niños pequeños valoran la muerte como un estado temporal y reversible y poco a poco van tomando conciencia de que no es un castigo y que forma parte del ciclo normal de la vida. El adolescente rara vez piensa en su significado al no representarle una amenaza inminente. Será en la madurez cuando acepte el hecho de que hay que morir.

 

Valorar lo que tenemos

Saber que el tiempo es limitado hace valorar de forma diferente la profesión, el matrimonio, las amistades… Los ancianos la aceptan más fácilmente que las personas de mediana edad. Enfrentarse a ella, ser conocedor de que uno tiene limitadas sus expectativas de vida, es una de las pruebas evolutivas más difíciles de superar. Afrontar éste hecho pasa normalmente por alguna de las siguientes fases: negación: “¡Esto no puede estar sucediéndome a mí!”, ira: “¿Por qué yo?”, negociación: “Dios mío, si me dejas vivir hasta la graduación de mi hijo, no te pediré nunca nada más”, depresión: “No podré hacer nada de lo que tenía planeado”, y aceptación: “ De acuerdo, mi tiempo se ha acabado”. No parece que ninguna de ellas sea mejor ni peor que las otras. Hay personas, que por ejemplo, se enfrentan mejor negando y otras negociando.

 

 

Ante la pérdida de un ser querido se nos suele pedir entereza, que seamos valientes, que vivamos de forma natural e incluso que reprimamos las lágrimas. Eso está bien pero antes hay que dar la oportunidad de poder expresar los sentimientos por la pérdida.

 

Significado de la muerte

Desde las tres semanas hasta el año, se revive la muerte intentando encontrarle un significado. Al principio del segundo año la vida social se vuelve más intensa y la fortaleza personal va aumentando. Cuando en este periodo aparecen síntomas de depresión resistentes o síntomas físicos importantes como asma o colitis es recomendable buscar la ayuda de asociaciones de viudos, de padres que han perdido a sus hijos o, por supuesto, la ayuda de un psicólogo.

Los amigos son siempre importantes, pero más en los malos momentos. Con ellos se pueden compartir las preocupaciones y el dolor. Confiar en alguien querido facilita la superación de los malos momentos, de las crisis que comporta la vejez, la viudez o la mala salud. No lo dude, movilice todos los recursos que tenga a su alcance para superar los malos momentos, eso hará más llevadera la carga.

duelo muerte

 

Afrontar la muerte

Durante nuestra vida tenemos que enfrentarnos a diferentes momentos angustiantes y tristes, pero hay uno que es especialmente difícil: la muerte. Podemos decir que parte de nuestro discurrir por la vida lo dedicamos a afrontar la muerte como realidad inevitable. Dependiendo de los familiares y amigos que vamos perdiendo con el tiempo, y de cómo vivamos esos momentos, seremos más o menos capaces de afrontar nuestra propia muerte. Aquellas personas que han conseguido no reflexionar sobre ella, bien por falta de necesidad, bien por evitación, habrán conseguido no sentirse demasiado mal, pero serán más vulnerables a cualquier acontecimiento que les coloque directamente frente a este hecho.

Como realidad inevitable (por lo menos hasta la fecha), la muerte puede afrontarse de muchas maneras: desde la fe, desde la negación del hecho, desde la resignación, desde la aceptación… Si nos encontramos en un momento tranquilo de nuestra vida no nos hará falta afrontar con inminencia la idea de la muerte, pero si es una idea que se hace cada vez más presente en nosotros, será necesario abordarla para sentirnos mejor. Duelo

 

Pensamientos asociados al duelo

Hay dos pensamientos que con mayor frecuencia alimentan el malestar en relación a la muerte: el que pueda ocurrir en cualquier momento y sin poder hacer por evitarlo (accidente, infarto…) y el qué habrá después, si acabará nuestra existencia o trascenderemos a alguna otra realidad, a algún paraíso… Ante esto podemos tratar de garantizarnos que la muerte no nos sorprenda tomando precauciones extremas: chequeos médicos constantes, evitar viajes…

 

 

Para poder afrontar esta realidad sin quedarnos encerrados en un círculo sin respuestas claras, tendremos que valorar la posibilidad de que nuestros miedos sean ciertos, no tanto porque vaya a ser así, sino porque siendo que es posible (aunque poco probable) si no nos garantizamos al cien por cien que no sucederá, nuestra mente no descansará. Lo que ocurre es que visto así, pensar en ello produce malestar. No es muy deseable pasarlo mal, pero de no ser así es difícil que un tema tan complicado como este, no nos dé vueltas obsesivamente en la cabeza. Dicho de otro modo: es imposible tener certeza sobre algo que nos es imposible controlar. Visto así podemos llegar a una sensación de resignación, que aunque irritante, sea más llevadera que la angustia mantenida ante la incertidumbre de la idea de la muerte. Duelo.

Es indudable que vivir experiencias cercanas a la muerte: accidentes, agresiones, muertes de personas próximas, presenciar muertes o hechos violentos… vulnerabiliza. La intensidad de las emociones dificulta afrontar los hechos con una distancia suficiente. No obstante son las personas que han vivido este tipo de experiencias las que tienen aún más necesidad de afrontar la idea de la muerte. De no ser así, podrán aparecer miedos y evitaciones que dificultarán la calidad de vida de la persona. Duelo.

 

 

 

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