Hacer renuncias es un arma super potente para alcanzar lo que nos proponemos. Querer conseguir un objetivo requiere en primer lugar decidir cuál es, y después suele ser necesario ser constante para alcanzarlo. Normalmente la exigencia de uno mismo, la presión, la ilusión… suelen ser suficientes para aumentar la probabilidad de éxito. Aun así, hay ocasiones en las que hay que añadir una opciones diferentes para poder alcanzar lo que nos proponemos.

Hay que ser capaz de esforzarse para ganar en una competición, para llegar a tiempo a una cita, para acabar un trabajo pendiente, para dar una charla, o para cuidar a los hijos. Ser constante y pelear por lo que se quiere suele ir unido a una serie de consecuencias, que aunque pueden parecer pequeñas, cuando se suman pueden ser las responsables de un desgaste muy notable.

 

Afrontar la consecuencia de hacer lo que hacemos

La meta principal de cualquier técnica pensada para alcanzar las metas que nos proponemos es la de potenciar la ilusión, y la necesidad de hacer el esfuerzo, pero pocas veces se hace hincapié en lo que hay que afrontar como consecuencia de hacer lo que hacemos. Se pretende ignorar lo malo para que nos centremos en lo bueno, pero a menudo es insuficiente. Las técnicas de motivación, para vender un producto por ejemplo, se enfocan en lo esencial, en la venta, pero hay que prestar mucha atención a la suma de pequeños frenos que tenemos para afrontar lo que deseamos. Para conseguir buenos resultados hay que responder a una pregunta muy importante: ¿A qué tenemos que renunciar?

 

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La presión es buena… hasta que se vuelve mala.

Sin presión no hay fuerza para conseguir algo, aun así la realidad es que si nos pasamos tampoco funcionará. Las personas que usan la presión como única fuete de motivación para conseguir lo que se proponen, tienen mayor probabilidad de acabar procrastinando. La presión puede acabar excediendo la capacidad de cada uno para esforzarse, y entonces aparecer la sensación de indefensión: de igual lo que haga, no consigo lo que me propongo. El exceso de energía para conseguir algo, potenciará en este caso la percepción de que no somos suficiente, o que no estamos a la altura. Añadiendo algunos otros factores, es posible que el resultado final sea el de entristecerse o incluso el de deprimirse.

 

presión y rendimiento

 

La falta de energía, puede producir efectos similares al exceso, pero normalmente no está tan marcada la sensación de culpa, crítica y enfado hacia uno mismo.

 

Qué es hacer renuncias

Solemos hablar de ellas cuando tenemos que conformarnos sin hacer un plan que nos gustaba, cuando no nos alcanza el dinero para unas vacaciones, o cuando hay que dejar un puesto de trabajo por otro. El caso es que estas sí son renuncias pero no son en las que creo que debamos centrarnos para conseguir seguridad, calma o tranquilidad. Estas que he comentado son llamativas, poco apetecibles, pero fáciles de identificar. Se nos imponen y no nos queda otro remedio que hacerlas.

 

La clave para hacer renuncias está en cómo nos enfrentamos a ellas

Las más importantes son aquellas que están detrás de muchas de nuestras acciones cotidianas. No la atendemos porque parece que si nos centramos en la meta que perseguimos no hará falta atender a las renuncias. «Si quedo con un amigo a comer, me doy prisa en acabar lo que tengo pendiente y me voy a la hora adecuada del trabajo, seguro que que todo encaja». En este ejemplo, lo que pasa es que si no he hecho la renuncia adecuada es posible que acabe trabajando hasta más tarde para acabar lo que no hice por la mañana y que llegue más tarde a casa para cenar. No habré hecho la renuncia y habré intentado encajar todo en menos tiempo. El resultado suele ser el acumular un porcentaje de estrés extra que se sumará a otras NO-RENUNCIAS de la misma semana.

Si analizamos las motivaciones y las renuncias que a veces hay que hacer para alcanzar un objetivo, veremos que en realidad son dos caras de la misma moneda. Una parte no puede ir sin la otra. Podemos atender sólo a lo que necesitamos hacer para conseguir lo que queremos, pero de manera indivisible habrá que atender a lo que perdemos, a lo que no nos gusta, a lo que nos inquieta, y nos hace quedar mal. Saber que hay que afrontar esas consecuencias de manera activa, nos dará la fuerza necesaria para alcanzar nuestro objetivo.

 

psicoterapia

 

Ejemplos de renuncias necesarias para sentirse bien.

Centremos nuestra atención en aquellas renuncias que no son tan fáciles de detectar pero que son sumamente importantes de hacer. No hacerlas puntualmente no tiene consecuencias, pero ignorarlas y no comprometerse a vivir con ellas puede tener como resultado un montón de síntomas de ansiedad, angustia o de impotencia. Veamos algunos ejemplos de renuncias:

 

No hacerlas puntualmente no tiene consecuencias, pero ignorarlas…

1.- A dar una buena imagen cuando se le pide a un subordinado que se quede más rato de su jornada. Si le pedimos a que se quede un par de horas para acabar un trabajo, nos podemos convencer de que es necesario, que a veces hay que hacer estas cosas por la empresa… pero si no queremos asumir que la otra persona se sentirá mal, y que nos valorará como déspotas o injustos, acabaremos justificándonos en exceso, buscando compensar sin necesidad su esfuerzo… La etiqueta que nos pondrá se nos puede atragantar y nos puede llegar a bloquear.

2.- Renunciar a que te valoren como responsable, cuando hay que presentar un trabajo pero los plazos no coinciden con lo acordado, hay que asumir que la persona que lo espera se decepcionará. Podemos centrarnos en sacar horas de sueño o de descanso, pero es posible que si no hacemos la renuncia llegado el momento, nos quememos de más.

 

renuncias

 

3.- A renunciar a pasar desapercibido. Pongamos el caso de una chica de 27 años que quiere estar guapa y que desea gustar. Normalmente no se arregla porque no quiere llamar la atención. Si un día decide ponerse unos tacones, o un escote más generoso, es posible que consiga gustar, pero solo se sentirá bien si antes se permite una renuncia: pasar desapercibida. Es decir, quiere estar guapa y a la vez no quiere destacar. Si no hace consciente esta renuncia, creerá que puede conseguir los dos objetivos a la vez. Normalmente esto suele producir ansiedad o incomodidad mantenida durante horas.

4.- A comer mejor esta semana. Las rutinas del día a día, a veces marcan el tipo de alimentos que comemos. No nos dejan cocinar lo más adecuado o tenemos que repetir en la noche lo que sobró de la comida. Buscar únicamente la presión o la culpa para recordarnos que hay que comer mejor no parece que sea suficiente para conseguir la meta.  Renunciar a comer mejor, o renunciar a parte de las tareas que nos hemos puesto será mucho más realista.

5.- A ayudar al amigo que se siente triste. Si se une la petición de un amigo para hablar a los planes que se había hecho el sábado para aprovecharlo, puede ocurrir que no podamos encajar ambas cosas. De nuevo cuidado con no hacer renuncias. Quizás no haya otro remedio…

6.- A responder a los mensajes de correo, hasta las dos de la tarde. Algo muy fecuente en gran cantidad de trabajos.

7.- A estar más tiempo con los hijos durante unas semanas de trabajo, o porque coinciden viajes con otras personas.

8.- A no aprovechar el sábado para desconectar como se quiere. Después de tener una semana intensa, el fin de semana apetece aprovecharlo. Para conseguirlo es útil hacer actividades, quedar con amigos, hacer deporte, tomar cervezas… A veces varios planes se solapan o son incompatibles por cuestión de horario, de distancias o de cansancio. Centrarse en encajar todo ilusiona, pero también puede hacer que nos amarguemos por no poder hacer todo. Asumir que no puede hacerse algo, y decidirlo activamente será una excelente estrategia para no quemarse.

pide una cita

 

9.- A estar tranquilo en una reunión. Si me tengo que enfrentar a una reunión en la que me van a evaluar e intentarán ver si sé sobre un determinado tema, deberé renunciar a estar tranquilo. Si quiero convencerme de que no pasa nada y de que he de estar tranquilo, lo normal es que me sienta enfadado por no conseguirlo, además de mucho más inseguro.

 

Conclusión

A menudo no somos conscientes de tener que renunciar a nada, o de que tenemos que tomar alguna decisión entre alternativas. Es fácil estar metidos en la rutina diaria y no darse cuenta de que es importante decantarse por algo y renunciar a lo que no podemos conseguir.