La presión y la exigencia son necesarias para conseguir alcanzar metas, especialmente aquellas que se alargan en el tiempo e inicialmente son poco placenteras. Aún así quedarse corto o pasarse tendrá sus consecuencias. Normalmente la primera será el no alcanzar las metas, y la segunda puede que también pero además se unirá la vivencia de bloqueo y ansiedad intensa.

 

Presionarse y el rendimiento

Podemos decir que el nivel de rendimiento a menudo estará determinado en personas exigentes por el equilibrio que exista entre la presión y autoexigencia por un lado y las renuncias por el otro. Si sabemos presionarnos para alcanzar nuestro objetivo, tenemos que ser capaces también de renunciar a aquellas metas intermedias que no son tan importantes y que no nos van a permitir conseguir la principal.

Pongamos el caso de una mujer que quiere adelgazar, quiere conseguir reconocimiento en su trabajo, supervisar los deberes del colegio de su hijo, conseguir una buena alimentación para su familia, y que la casa tenga el nivel de orden y de limpieza adecuado. A priori son pretensiones cotidianas de muchos padres pero no todas han de ser igualmente alcanzables. Si esta mujer aplica el mismo nivel de autoexigencia a todas ellas, lo normal es que empiece a percibir cansancio, desgaste, impotencia e incluso puede tener la sensación de estar siendo una pasota porque no consigue lo que se propuso. La realidad es que si no alcanza un equilibrio teórico de un 80% de presión y un 30% renuncias, es complicado que lo consiga durante mucho tiempo.

 

Distintas áreas de exigencia

Podemos hablar de exigencias en diferentes áreas de la vida: hacia los demás (cumplir con lo que se espera, seguir las normas, no decepcionar…), hacia el trabajo, hacia el orden, la limpieza… A menudo necesitar la exigencia en un área no va unida a la exigencia en otras.

Una persona puede presionarse e imponerse car bien y no ser nada ordenado. Bien es verdad que potencialmente puede hacerlo, pero si no considera que es primordial puede quedar en un segundo plano. Por tanto cuando la presión se dirige a uno mismo o hacia los demás, nos puede hacer sentir bien porque estamos poniendo los medios para conseguir algo, pero la realidad es que repetirlo más o presionar más no siempre producirá el efecto esperado.

 

La importancia de encontrar el equilibrio adecuado

En la búsqueda constante de alcanzar metas y superar expectativas, es crucial encontrar el equilibrio adecuado entre la presión y la capacidad de renunciar. Es cierto que la presión y la exigencia son necesarias para impulsarnos hacia adelante, pero también debemos aprender a discernir qué metas son realmente prioritarias y cuáles son secundarias.

Tomemos el ejemplo de una persona que se propone bajar de peso, destacar en su trabajo, cumplir con todas las responsabilidades familiares, mantener una alimentación saludable y mantener su hogar impecable. A primera vista, todas estas aspiraciones son comunes y comprensibles. Sin embargo, si esta persona se impone el mismo nivel de exigencia en todas estas áreas, es probable que se sienta agotada, frustrada e impotente al no lograr todos sus objetivos. En realidad, es importante encontrar un equilibrio teórico de aproximadamente un 80% de presión y un 30% de renuncias para mantener un nivel sostenible de rendimiento a largo plazo.

 

 

Diferentes áreas de exigencia y su impacto

Es importante reconocer que la exigencia puede manifestarse en diferentes áreas de nuestras vidas. Podemos sentir la presión de cumplir con las expectativas de los demás, seguir las normas establecidas, evitar decepciones y ser responsables hacia el trabajo, el orden o la limpieza. Sin embargo, es importante comprender que la necesidad de exigencia en un área no necesariamente se traduce en la misma necesidad en otras.

Una persona puede ser altamente exigente consigo misma o con los demás en ciertos aspectos, pero ser menos ordenada o meticulosa en otros. Es cierto que existe el potencial para lograrlo todo, pero si no consideramos que ciertas áreas sean primordiales, pueden quedar relegadas a un segundo plano. Por lo tanto, aunque la presión dirigida hacia uno mismo o hacia los demás puede hacernos sentir bien, ya que estamos poniendo todo de nuestra parte para alcanzar nuestros objetivos, debemos tener en cuenta que aumentar la presión o la exigencia no siempre producirá los resultados deseados.

 

Por tanto

Encontrar el equilibrio adecuado entre la presión y las renuncias es esencial para lograr un rendimiento sostenible y evitar el desgaste emocional y físico. La presión excesiva sin la capacidad de renunciar puede llevar a sentimientos de bloqueo y ansiedad intensa, mientras que renunciar por completo puede resultar en la falta de logros y frustración. Aprender a identificar nuestras metas prioritarias y aplicar la presión de manera estratégica nos permitirá avanzar hacia el éxito de manera equilibrada y saludable.

 

 

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