Desde los años ´60 se habla del mal holandés referido a temas económicos, y en concreto a los efectos sobre el valor del florín holandés tras el descubrimiento de grandes reservas de gas y su posterior comercialización. En este caso podríamos hablar de un síndrome menos global ya que sólo afecta a un reducido número de personas.

En Holanda es legal la marihuana desde los años 80. Este hecho a favorecido los viajes a este país desde otros en los que no está permitido su consumo. Independientemente de las opiniones que despierta entre detractores y personas afines a esta medida, estos viajes producen a un porcentaje de personas unos efectos que pueden agruparse alrededor de un síndrome. Llamémosle “síndrome de Holanda”.

 

estar bien es fácil si sabes cómo

 

La marihuana en sus diferentes formas de consumo (hachís, resina de hachís, y hojas, flores y tallos) tiene unos efectos comunes. La “borrachera cannábica” cursa con sequedad de boca, enrojecimiento ocular, taquicardia, descoordinación de movimientos, risa incontrolada, somnolencia, alteración de la memoria, de la atención y de la concentración. Además se aprecia relajación y sensación de lentitud en el paso del tiempo. Dependiendo de las características de cada persona estas sensaciones no siempre se percibirán como placenteras y agradables. También se pueden percibir como un signo de descontrol y de incapacidad para frenar las sensaciones una vez se han desatado. Sería como estar dentro de una atracción de feria y desear bajarse antes de que acabe. Cuanta más impaciencia se tenga por que desaparezcan los efectos de la droga, más angustia puede producir. LA sesnsación es de despersonalización y de desrealización.

 

Los viajes a Holanda y los Cofee Shop

Es frecuente que grupos de estudiantes entre 18 y 25 años vayan a Holanda con el fin principal de visitar un coffeeshop y fumarse unos porros. Durante unos meses los extranjeros no han podido entrar en ellos, pero de nuevo se ha vuelto a permitir el acceso. El medio millón de turistas anuales parecen ser la razón principal de esta vuelta atrás en la medida.

Volviendo a lo mío… Es frecuente ver en consulta a chicos y chicas que al probar la marihuana y sentir sus efectos empezaron a “rayarse”, como ellos mismos suelen expresar. Con frecuencia sienten el miedo a volverse locos, miedos a hacerse daño a sí mismos o los demás y que no puedan controlarlo, miedo a que ese estado se mantenga para siempre, en definitiva miedo a perder el control. Todo aderezado con el hecho de estar lejos de casa y sentirse desprotegidos sin sus familiares. Cuanto más obsesiva es la personalidad de base, mayor es la probabilidad de que se produzca este “síndrome de Holanda”. Por tanto más allá de las recomendaciones que cada padre quiera hacer sobre el consumo de marihuana a sus hijos cabe insistir en que la información es muy importante.

 

perder el control

 

Saber que se pueden producir estos efectos hará que este síndrome sea menos intenso. Además, si se detectan estas sensaciones a la vuelta del viaje, permitirá que se trate y que en pocas sesiones pueda frenarse un empeoramiento. A pesar de la aparente gravedad de estas crisis, el tratamiento psicológico ayuda eficazmente a reducir estos pensamientos y a entender que una cosa es tener miedo a perder la cabeza y otra es que vaya a ocurrir. Guías como la editada por el ministerio de sanidad y asuntos sociales sobre drogas aportan muchos datos desde un buen punto de vista.

 

 

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