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En esta ocasión vamos a centrarnos en las personas que disfrutan de cuidar a otras, de adelantarse a sus necesidades y ver cómo el otro se siente bien cuando recibe las atenciones. Ser un cuidador es genial. Se disfruta dando, pero el exceso como en todo en la vida, puede predisponer a sufrir más de la cuenta si no se sabe poner el límite en el sitio correcto.

La elección de una pareja, aunque a veces lo parezca, no es casual. Existen factores genéticos, químicos y por supuesto psicológicos que potencian el que nos decantemos por una parejas y no por otras. Dentro de los aspectos químicos/genéticos están el antígeno leucocitario humano, los rasgos de fertilidad de una mujer, o los signos presentes de testosterona u oxitocina.

 

Ser un cuidador es genial

 

Parece que cuanto más diferente es nuestro sistema inmunológico más deseo sexual se activa en nuestro cerebro. Lo mismo ocurre con los signos de fertilidad de una mujer: pechos, caderas, piel… y si el hombre tiene o no niveles elevados de testosterona. Este último caso es variable en función del tipo de compañero que busque la mujer. Cuando hablaba sobre la fórmula de la fidelidad detallé alguno de estos aspectos fisiológicos. Le recomiendo que le eche un vistazo

Un aspecto fundamental a la hora de elegir pareja es el tipo de personalidad de cada uno de los componentes de la pareja. No es verdad que los opuestos siempre se atraigan, como analicé en el artículo con el mismo nombre, pero sí es cierto que ciertas características de la pareja hacen que uno se pueda sentir más o menos atraído por el otro.

Un cuidador suele ser alguien con niveles de autoexigencia elevados. Se esfuerza por hacer bien las cosas y adelantarse a los problemas antes de que puedan ocurrir. Disfruta del reconocimiento, si bien no siempre lleva asociado el que se le reconozca todo lo que da.

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¿Qué tipo de parejas busca el cuidador?

Ser un cuidador implica que la tendencia natural es a elegir a personas que tienen necesidades, preocupaciones o malestares, en donde la entrega y el deseo de hacer feliz al otro, puedan hacer que haya bienestar.

Hay personas que aceptan un rol cuidador en la relación pero no especialmente por el deseo de cuidar sino por el deseo de evitar reproches o críticas del otro. Buscan que ni se perciba el querer un determinado plan como una imposición o un acto de egoísmo. Esto es especialmente frecuente cuando el inconformismo y exigencia de la pareja hace que haya que remarcar lo que falta y no lo que hay en la relación.

 

¿Consecuencias negativas de ser un cuidador?

Darse con facilidad lleva a menudo asociada la posibilidad de que quienes reciben no sean conscientes de la suerte que tienen. Digamos que en términos empresariales, corremos el peligro de estar de oferta demasiado tiempo, produciendo como consecuencia el que se dé por hecho que no es una suerte estar con alguien así.

 

 

“Estar en oferta” demasiado tiempo devalúa a quien da

 

Un cuidador puede centrar su esfuerzo en que los demás estén bien y no en estar bien por sí solo. Cuando esto ocurre le hace menos permeable a los halagos. Le cuesta aceptarlos como una consecuencia lógica de haber dado y haber generado agradecimiento. Puede favorecer a un tipo de modestia peligrosa: querer no destacar en positivo

Mayor dificultad para afrontar conflictos. el miedo al conflicto puede condicionar la manera en la que nos relacionamos con otros. Si no sabemos gestionarlos pagaremos un alto precio. Es frecuente que no se exprese a tiempo lo que se necesita, o el malestar que nos causa una determinada situación, y para cuando se exprese se haga explosivamente.

Suele estar implícita la idea de que la culpa del malestar la tiene el otro u otros, y si bien eso es posible, lo normal es que se nos olvide lo que podemos hacer para que no ocurra, para resolverlo… Puede potenciar unos roles, que un psicólogo llamado Karpman, llamó triangulo dramático. Es decir el que las relaciones se muevan alrededor de tres roles básicamente: el de cuidador, el de víctima y el de perseguidor.

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1 unoVíctima, lo ocupamos cuando nos sentimos heridos por el comportamiento de alguien con la sensación o frustración de no poder cambiar ese sentimiento y esa situación, es decir nos sentimos “víctimas” de esa persona.

2 dosSalvador, lo tomamos cuando nos hacemos cargo de alguien sin darle margen a decidir, cuando socorremos, dando “todo resuelto” o haciendo cosas que no queremos para nosotros mismos con tal de no molestar a la otra persona o hacerla sentir mal, aislando así lo que sentimos.

3 tresPerseguidor, es cuando coaccionamos a la otra persona para que haga lo que consideramos mejor, es decir, tras haberle dicho lo que tiene que hacer y viendo que no lo hace insistimos y controlamos hasta que conseguimos que lleve a cabo las conductas que se han indicado.

 

soy un cuidador

 

El rol de cuidador se potencia por…

El tipo de personalidad. Dependiendo de que una persona sea más temerosa, analítica, controladora, desconfiada.. hará que este rol sea más o menos probable.

Capacidad de empática. Esto viene determinado de nacimiento en cada persona, si bien a lo largo de la vida es una característica que crece o disminuye en función de las experiencias individuales. A mayor empatía, más fácil es renunciar a las necesidades personales y priorizar las de los demás.

Modelos paternos. Cómo se reaccionan nuestros padres y las normas dentro del núcleo familiar favorecen el tipo de interacciones que  se establecen con otras personas. Cuando los padres o amigos cercanos creen que adelantarse a las necesidades de los demás ha de ser la manera de relacionarse con la pareja, se potencia ese modelo de relación y atención hacia el otro.

Parentificación. Haber asumido el rol del padre de nuestro/s padres es un potenciador de rol de cuidador en la edad adulta. En el arículo que enlazo detallo más en qué consiste y cómo se desarrolla la parentificación.

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Miedos e inseguridades: La sensación de temor hacia las relaciones sociales, o más bien hacia la opinión negativa de los demás favorece querer tener un rol bien definido. tener un papel de cuidador es poder conocer lo que hay que hacer y se evita la incertidumbre de qué hacer o que otro papel desarrollar. Mostrándose como un cuidador se consigue además alejar una imagen que muestre inseguridad o fragilidad, por lo tanto es bastante recompensante repetir esta conducta.

Experiencias con amigos y parejas anteriores. El hecho de haber asumido el rol cuidador en relaciones anteriores y haber tenido reconocimiento o éxito, hace que se pueda repetir con mayor probabilidad este modelo. Aunque la tendencia no fuera esa, la recompensa podría ser suficiente para repetirlo.

 

 

 

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