Cuando descubrí la palabra procrastinar pensé que provenía del inglés, pero la realidad es que su raiz es la latina: procrastinare. Un sinónimo podría ser la palabra posponer. En cualquier caso para mi la aplicación de procrastinar en el ámbito de la psicología tiene un matiz extra y tremendamente importante: es posponer sin haber decidido hacerlo así. Es decirse: “lo hago luego”, “cuando acabe eso, acabo con esto otro”. El hecho es que cuando se pospone sin haberlo decidido es fácil sentirse calmado al inicio, pero es aún más fácil acabar sintiéndose mal porque se sabe que hay algo pendiente pero no se acaba de resolver.

Posponer sin haberlo decidido realmente puede convertirse en una especie de nubarrón que sentimos que está sobre nuestra cabeza y que puede descargar en cualquier momento sobre nosotros. En la práctica somos incapaces de olvidarnos del todo de que algo está pendiente, y eso hace que el sentimiento de malestar, culpa o nerviosismo no se vaya nunca del todo.

 


 

Una de las causas de la ansiedad que generan síntomas más intensos a nivel emocional y fisiológico es la procrastinación.  Dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, es en esencia una actitud que mantiene al cerebro activo buscando no pensar, pero haciendo que en realidad no pueda acabar nunca de hacerlo.

 

Posponer sin haber decidido hacerlo.

Así que antes de analizar algo más en detalle qué es procrastinar unas preguntillas ¿Pospones con demasiada frecuencia?, ¿Te dices a menudo que has de hacer cosas pero no las acabas? ¿Te propones tareas, te enfadas contigo mismo y te sientes culpable porque frecuentemente las retrasas? ¿Cuando pospones una tarea sueles tener buenas razones pero se convierte en una constante?, entonces es posible que procrastines.

Cuanto más útil haya sido a una persona el presionarse para conseguir resultados, con más probabilidad intentará volver a conseguirlos por medio de la presión y la exigencia. Sin embargo no siempre presionarse más garantiza conseguir lo que uno necesita o lo que uno se dice que es importante conseguir.

 

Tres razones para que pospongamos nuestros objetivos y tendamos a procrastinar:

Es una obligación, no un deseo propio. Cuando fijamos metas en función de lo que idealmente queremos, de lo que nuestros padres, amigos o pareja desean, puede hacer que los objetivos sean muy interesantes y útiles pero no estaremos centrados en lo que realmente nosotros queremos afrontar. Hace que no nos planteemos retos, sino obligaciones. Un tema éste que desarrolle en un artículo y que creo que es bueno echarle un vistazo si le interesa esta temática.

Si lo hago, lo hago bien, o no lo hago. Cuando nos proponemos hacer las cosas muy bien, nos vemos obligados a hacer mucho esfuerzo desde el principio. No vale empezar y luego ya se verá. Hay que estar a tope. Este hecho hace que si no estamos muy motivados, o no es posible renunciar a algo, acabemos posponiendo con la esperanza de retomar o iniciar la tarea cuando se tenga más ganas.

Miedos e inseguridades. Los miedos, o en general cualquier sentimiento que no nos apetezca sentir, favorecerá dejarlo para otro momento. Cuando nos cuesta identificar o reconocer lo que nos atemoriza, normalmente hace que sea difícil fijarnos objetivos realistas. Tenderemos a fijarnos objetivos pocos realistas y potenciaremos el punto 2.

 

Tipos de exigencia relacionados con la procrastinación y la constancia

Se da la paradoja de que las personas que procrastinan necesariamente son personas muy auto exigentes, al menos en alguna área. No tienen que ser exigentes con temas estándar, como el orden, la limpieza. A veces es una exigencia a agradar o a no quedar mal, es querer tener un aspecto adecuado, es completar una tarea o un curso… Es frecuente ver que alguien que procrastina, no lo hace en todas las áreas de la vida. Se puede procrastinar con la dieta, y no hacerlo con el trabajo. Por eso es fundamental conocer un par de conceptos y su implicación enorme a la hora de entender el porqué unas personas exigentes posponen y otras no.

Hay que entender primero el concepto de refuerzo. Cuando los psicólogos analizamos porqué repetimos conductas, analizamos las consecuencias que éstas tienen. Siempre que las consecuencias potencian la repetición de un comportamiento, hablamos de refuerzo. Cuando lo que hacen es reducir la respuesta, hablamos de castigo.

 

Refuerzo positivo y negativo

Hablamos de refuerzo positivo cuando repetimos conductas porque obtenemos un placer o una recompensa directa al hacerlo: al vestirnos mejor nos dicen que estamos guapos, al probar un alimento descubrimos que es muy rico. Hablamos de refuerzo negativo cuando, hacemos una conducta motivados por alejarnos de algo incómodo: mantenemos una dieta para no engordar, llamamos a alguien para que no se enfade. En ambos casos se potencian conductas pero la razón es muy diferente en un caso o en otro.

Normalmente cuando existen más refuerzos positivos que negativos, la persona es capaz de ser constante, prioriza su objetivo y rara vez se apartará de la meta que se ha propuesto. Si una persona es exigente pero no consigue hacer lo que se propone es porque lo hace para evitar cosas, para alcanzar un objetivo que le reconforte y le guste mantener a corto y a largo plazo. No siempre existe una receta para conseguir romper la inercia de hacer las cosas para evitar algo malo, pero desde luego en este punto está el foco. Si lo conseguimos cambiar, alcanzaremos y mantendremos la motivación y la energía siendo mucho más probable dejar de procrastinar. Veamos algunas ideas.

 

¿Cuándo procrastinar tiene beneficios?

Un último matiz. Se puede estar procrastinando sin perder realmente el tiempo. Es decir podemos dejar para otro momento la tareas que n nos gusta, y para justificar que no lo abordamos, ponernos de manera muy eficiente a resolver otras cosas. Digamos que procrastinar no siempre ha de ser sinónimo de pérdida de tiempo. Lo que ocurre es que lo que de verdad hemos dicho que queríamos hacer, no es lo que estamos resolviendo. Parece que en estos casos, se aplicaría la concepto del refuerzo negativo y nos volveríamos muy productivos gracias a estar evitando afrontar otra tarea que nos agobia

Consejos para no procrastinar

Estos consejos son para no procrastinar, es decir, no son para conseguir hacer lo que no has hecho hasta ahora. Son consejos para favorecer  el hacer cosas y que tomes decisiones sobre qué quieres hacer. Dejar de procrastinar se consigue haciendo la tarea pendiente, pero también decidiendo no hacerla. Aquí lo importante es dejar de posponer sin decidirlo. Si no paramos esa inercia el resultado será la culpa, las somatizaciones, la angustia,  y por supuesto una peor autoestima.

Revisa tus prioridades, ¿Realmente es tan importante para la tarea que te estás marcando? ¿Realmente  estás dispuesto a renunciar a otras cosas para resolver o acabar lo que te has propuesto? Ten en cuenta que lo que se debe hacer no siempre es lo que se quiere.

Si quieres abarcar demasiadas cosas es posible que tengas la sensación de que siempre tiendes a procrastinar, y quizás es que hay demasiadas cosas importantes compitiendo por salir a delante, o que simplemente por dentro no es tan importante.

Ten cuidado con las obligaciones, a veces ser algo más mediocre ayuda a arrancar y a alcanzar buena parte de las metas que se pueda proponer.

Crea plazos para cumplir con tus planes o comprométete con plazos de tiempo que puedan ser constatables por otros: planifica una reunión para obligarte a terminar un proyecto.

Comparte el objetivo con alguien más. En el caso de hacer dieta o ejercicio con amigos es más divertido y ayuda a aumentar la motivación. Reconcíliate con lo que te gusta y lo que no. No te enfoques solo en lo que tendrías que conseguir, sino en lo que te gusta y la relación con ese objetivo. Si lo que quieres es adelgazar, y a fecha de hoy la motivación principal es la de no engordar, no bastará. Es el momento de valorar unirte a un reto con amigos para conseguir adelgazar. Esto es muy útil en personas que son muy sociales y les motiva mucho estar con gente y unirse a proyectos grupales. Valdría para unas personas pero no para otras.

Divide la tarea en partes más pequeñas. Suele ayudar a mantener la motivación. Implica asumir que tardarás más en alcanzar tu meta, pero probablemente tengas más oportunidades de conseguirlo de este modo. Cuidado con la impaciencia.

Quítate distracciones de en medio. Procrastinar es más fácil cuando hay muchas alternativas y hay que repartir la atención.

 

 

Ponte tus prioridades, cuidado con esa idea conocida de que lo urgente impida hacer lo importante. No busques tener todo a mano y pensado para poder comenzar. Eso solo te llevará a volver a procrastinar.

Establece un momento para parar, respétalo. Te ayudará a asignar a cada situación su actitud correspondiente.

Planifica un tiempo para hacer lo que quieres no lo extiendas. Si extiendes los tiempos o los abrevias, te dificultará el arrancar en próximas ocasiones y probablemente el resultado será el de procrastinar.

Cuidado con quitar hierro a algunos temas pendientes. Buscar convencerte de que algo no es un problema, sin que sea del todo cierto, solo mantiene la probabilidad de procrastinar.

Haz, empieza. iniciar algo suele ser la parte más compleja. Suele ser más fácil seguir que arrancar. El tamaño de una lista puede asustar. Comienza por algo…

Dedicar demasiado tiempo a dormir o ver la televisión. Ayuda a desconectar pero suele ser un signo de no querer pensar o de no querer hacer frente a lo que está pendiente.

Es fácil buscarse una causa que justifique no tener que afrontar lo que no deseamos. A veces enfocarse en una injusticia y pelear para que algo cambie, o buscarse relaciones de pareja compulsivamente, o beber alcohol en grandes dosis, o buscar comer compulsivamente o especialmente calóricos, son entre otras, conductas que ayudan a no pensar… ya a no hacer frente a lo que esta por resolver.

 

 

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